El sueño del príncipe (Fedor Dostoiewski) - pág.43
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pensado y ha dado en el blanco. El efecto ha sido positivo. Zina ha escuchado con avidez.
Ha tenido las mejillas encendidas y le ha palpitado el pecho.
-Escuche, mamá -dice por fin con voz decidida, aunque la repentina palidez de su rostro
muestra a las claras cuánto le cuesta esa decisión-. Escuche, mamá...
Pero en ese momento un rumor repentino que llega del vestíbulo, junto con una voz
aguda y chillona que pregunta por Marya Aleksandrovna, obligan a Zina a callar. Marya
Aleksandroyna se levanta de un salto
-¡Dios santo! -grita-. ¡El demonio nos trae a esa urraca! ¡La coronela! ¡Pero si casi la
eché de aquí hace quince días! -agrega casi desesperada-. Pero es imposible no recibirla
ahora. ¡Imposible! Seguramente trae noticias, de lo contrario no se atrevería a asomar por
aquí. Esto es importante, Zina. Tengo que enterarme... ¡Ahora no puede una descuidarse!
¡Pero cuánto le agradezco su visita! ---exclama saliendo al encuentro de la señora que
entra-. ¿Cómo se le ha ocurrido pensar en mí, estimadísima Sofya Petrovna?
¡Qué en-can-ta-do-ra sorpresa!
Zina sale corriendo de la habitación.
VI
La coronela, Sofya Petrovna Farpuhina, se asemeja a una urraca sólo en lo moral. En lo
físico parece mas bien un gorrión. Es una pequeña dama cincuentona, de ojillos
penetrantes, pecosa y con manchas amarillas por toda la cara. Sobre su exiguo y enjuto
corpezuelo, sostenido por unas patitas de gorrión fuertes y flacas, lleva un vestido de seda
oscuro que susurra de continuo porque la coronela no puede estarse quieta más de dos
segundos. Es una cotilla siniestra y vengativa. Está pagada hasta la chifladura de ser
esposa de un coronel. Ríñe a menudo a su marido, coronel retirado, y le araña la cara. Por
añadidura, se bebe cuatro vasos de vodka por la mañana v otros tantos por la tarde, y odia
hasta la locura a Anna Nikolaevna Antippva, que la ha echado de su casa la semana
pasada, y a Ntly Dmitrievn Paskudina, que ha colaborado en esa empresa.
-Me detengo sólo un minuto, mon ange -gorjea-. No sé por qué me he sentado. He
venido a decirle que aquí están pasando cosas muy raras. ¡Toda la ciudad se ha vuelto
loca, ni más ni menos, con ese príncipe! Nuestras viejas raposas, vouz comprenez, le
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