El sueño del príncipe (Fedor Dostoiewski) - pág.27
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-Esa conclusión está plenamente justificada. Dígame, tío, ¿ha estudiado usted lógica?
-¡Dios mío, qué cosas pregunta usted! -comenta con severidad la escandalizada Marya
Aleksandrovna.
-La estudié, amigo mío, pero hace ya mucho tiempo. También- estudié filosofía en
Alemania, la estudié todo un curso, pero la olvidé toda ella en seguida. Pero... confieso...
que me ha asustado usted tanto con esas enfermedades que... me ha dejado deshecho.
Vuelvo en seguida...
-¿A dónde va usted, príncipe? -pregunta asombrada Marya Aleksandrovna.
-Vuelvo en seguida, en seguida... Sólo quiero apuntar un nuevo pensamiento... Au
revoir.
-¿No es un tipo delicioso? -exclama Pavel Aleksandrovich retorciéndose de risa.
Marya Aleksandrovna pierde la paciencia.
-¡No comprendo, no comprendo en absoluto de qué se ríe usted! -dice con voz
enojada-. ¡Burlarse así de un anciano venerable, ridiculizar cada palabra suya, abusar de
su angélica bondad ... ! Me pone usted colorada de vergüenza, Pavel Aleksandrovich. A
ver, ¿qué hay en él de ridículo? Yo no he visto nada en él que cause risa.
-¡Pero si no reconoce a la gente, si pierde el hilo cuando habla!
-Eso es consecuencia de la vida horrenda que lleva, de los cinco años de horrible
reclusión, bajo la vigilancia de esa mujer abominable. Hay que tenerle lástima, y no reírse
de él. Ni siquiera me reconoció a mí, ya lo vio usted. ¡Da grima, por así decirlo! Es
absolutamente preciso salvarle. Le he propuesto que vaya al extranjero sólo con la
esperanza de que pueda dar esquinazo a esa. .. tendera.
-¿Sabe usted lo que pienso? Pues que hace falta casarle, Marya Aleksandrovna- anuncia
Pavel Aleksandrovích.
-¡Vuelta a las andadas! ¡Usted es incorregible, monsieur Mozglyakov!
-No, Marya Aleksandrovna, no. En esto hablo con completa seriedad. ¿Por qué no
casarlo? Es una idea, c´est une idée comme une autre. Dígame por favor, ¿en qué puede
perjudicarle? Al contrario, en una situación como la suya sólo una medida como ésa
puede salvarle. Legalmente puede casarse todavía. En primer lugar, se verá libre de esa
gorrona (disculpe la expresión). En segundo lugar, y lo que es más importante, figúrese
que elige a una muchacha, o mejor aún, a una viuda, simpática, buena, sensata, tierna y,
sobre todo, pobre, que le cuide como si fuera hija suya y que comprenda que él le ha
hecho un favor casándose con ella.
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