El sueño del príncipe (Fedor Dostoiewski) - pág.22
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-¡A que mi tío se confunde y la toma a usted por Anna Nikolaevna Antipova! -exclama
el perspicaz Mozglyakov, pero se contiene al punto cuando nota que, aun sin tales
aclaraciones, Marya Aleksandrovna parece un tanto cohibida.
-¡Ah, sí, sí, Anna Nikolaevna, y... (se me olvida todo). ¡A, sí, Antipova, eso es,
Antipova --corrobora el príncipe.
-N-no, príncipe, está usted muy equivocado -dice Marya Aleksandrovna con una
amarga sonrisa-. Yo no soy Anna Nikolaevna, no, señor; y no esperaba, lo confieso, que
usted no me reconociera. Me asombra usted, príncipe. Yo soy su antigua amiga Marya
Aleksandrovna Moskalyova. ¿Se acuerda usted, príncipe, de Marya Aleksandrovna?
-¡Marya A-lek-san-drovna! ¡Hay que ver! ¡Y yo que suponía que era usted (¿cómo se
llama?), ah, sí, Anna Vasilievna ... ! C´est délicieux! O sea, que me he equivocado de
sitio. ¡Y yo que pensaba, amigo mío, que me habías llevado a casa de esa Anna
Matveevna! C´est charmant! Pero, en fin, esto me sucede con frecuencia. Yo a menudo
me equivoco de sitio. Estoy contento, siempre contento, vaya adonde vaya. ¿De modo
que no es usted Nastasya Va-si-liev-na? Es interesante...
-¡Marya Aleksandrovna, príncipe, Marya Aleksandrovna! ¡Oh, qué mal se ha portado
usted conmigo! ¡Olvidarse de la que es su mejor amiga!
-Pues sí. De la me-jor amiga... Pardon, pardon! -masculló el príncipe, dirigiendo la
mirada a Zina.
-Ésta es mi hija Zina. Ustedes todavía no se conocen, príncipe. Ella no estaba aquí
cuando usted nos visitó el año 18..., ¿recuerda?
-Éésta es su hija! Charmante, charmante! -murmura el príncipe, mirando a Zina con el
monóculo codicíosamente-. ¡Mais quelle beauté! -añade visiblemente impresionado.
-Té, príncipe -dice Marya Aleksandrovna, dirigien do la atención del príncipe al paje
que está ante él bandeja en mano. El príncipe toma la taza y fija los ojos en el muchacho,
que tiene las mejillas regordetas y sonrosadas.
-¡A-ah! ¿É-ste es su chico? -pregunta-. ¡Qué guapo mo-ci-to! Y-y... supongo... que se
por-ta bien.
-Príncipe -interrumpe al punto Marya Aleksandrovna-, me han contado lo del terrible
accidente. Confieso que he estado loca de susto... ¿No se ha hecho usted daño? ¡Cuidado,
que no hay que desatender esas cosas ... !
-¡Me volcó! ¡Me volcó! ¡El cochero me volcó! --exclamó el príncipe con insólita
animación-. Yo pensé que había llegado el fin del mundo o algo por el estilo y,
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