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El sueño del príncipe (Fedor Dostoiewski) - pág.18

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punto la situación y salió de la habitación como si fuera a atender a algún quehacer. Pero
en premio de su propio tacto se puso a escuchar detrás de la puerta.
Pavel Aleksandrovich se volvió inmediatamente a Zina. Estaba agitadísimo y le
temblaba la voz.
-Zínaida Afanasievna, ¿no está usted enfadada conmigo? -preguntó con aire tímido y
suplicante.
-¿Con usted? ¿Por qué? -repuso Zina, ruborizándose ligeramente y levantando a él sus
ojos espléndidos.
-Por mi venida prematura, Zinaida Afanasievna. Es que no podía resistir. No podía
esperar quince días más... He llegado hasta soñar con usted. He venido volando a
enterarme de mi suerte. ¡Pero frunce usted el ceño, está enfadada! ¿Es posible que
tampoco ahora me diga usted nada definitivo?
Zinaida, en efecto, tenía fruncido el ceño.
-Esperaba que hablaría usted de eso -respondió, bajando de nuevo los ojos, con voz
firme y severa en la que despuntaba el enojo-. Y como esa expectativa ha sido muy
penosa para mí, cuanto antes se resuelva mejor. Una vez más exige usted, mejor dicho,
solicita una contestación. Permítame que se la repita, porque es la misma de antes:
espere. Una vez más le digo que todavía no he llegado a una decisión, y que no puedo
darle promesa de ser su esposa. Esto no se obtiene a la fuerza, Pavel Aleksandrovich.
Pero para tranquilizarle le digo que todavía no le rehúso definitivamente. Note usted
además que, al darle ahora esperanzas de una decisión favorable, lo haga sólo por
corresponder a su impaciencia e intranquilidad. Repito que quiero quedar completamente
libre en mi decisión y que si la contestación final es negativa, no deberá acusarme de ha-
berle dado esperanzas. Así, pues, aténgase a eso.
-Bueno, sea -exclamó Mozglyakov con voz quejosa-. ¿Pero no es esto en realidad una
esperanza? ¿Puedo sacar alguna esperanza de sus palabras, Zinaida Afanasievna?
-Recuerde lo que le he dicho y saque de ello lo que tenga por conveniente. Haga lo que
le guste. Yo no le digo más. No le rechazo; le digo sólo que espere. Pero repito que me
reservo el pleno derecho de rechazarle si se me antoja. Le diré algo más, Pavel
Aleksandrovich. Si ha venido usted antes del plazo convenido para la contestación para
recurrir a medios indirectos, confiando en la ayuda ajena, por ejemplo, en la influencia de


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