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El sueño del príncipe (Fedor Dostoiewski) - pág.14

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un cepo. Fet dice algo por el estilo en una de sus elegías. A nueve verstas de la ciudad, en
el cruce con el camino que va al monasterio Svetozerski, vi que había ocurrido algo
insólito. Había volcado un enorme coche de camino. El cochero y dos lacayos estaban
junto a él, sin saber qué hacer, mientras que del coche volcado salían gritos y lamentos
que partían el alma. Pensé en pasar de largo: «¡Que se quede ahí volcado; no es de por
aquí! » Pero salió ganando el amor al prójimo que, como dice Heine, siempre mete la
nariz en todo. Me detuve. Yo, mi Semyon y el cochero, que también tiene un alma rusa,
corrimos en auxilio de los accidentados, y entre todos los seis levantamos el coche y lo
pusimos de pie, aunque en realidad no tenía pies porque iba sobre patines. También
ayudaron unos campesinos que iban con leña a la ciudad y a quienes di una propina.
Pensé que probablemente se trataba del príncipe. Miré. ¡Santo Dios! Era el mismo, el
príncipe Gavrila. ¡Qué encuentro! Le grité: «¡Príncipe! ¡Tío!» Por supuesto que casi no
me conoció a la primera mirada, pero casi me conoció... a la segunda. Confieso, sin
embargo, que aún ahora apenas sabe quién soy, y, al parecer, me toma por otro y no por
un pariente suyo. Le vi hace siete años en Petersburgo cuando, claro, yo era todavía
muchacho. Yo sí le recordaba, porque me impresionó mucho, pero él ¿cómo iba a
acordarse de mí? Me presenté; quedó encantado, me abrazó, mientras todo él temblaba de
espanto y lloraba, ¡y cómo lloraba! Todo eso lo vi con mis propios ojos. Hablando de esto
y aquello acabé por persuadirle de que subiera a mi trineo y viniera siquiera un día a
Mordasov para reponerse y descansar. Aceptó sin rechistar. Me dijo que iba al
monasterio Svetozerski a ver al padre Misailo a quien honra y respeta; y que Stepanida
Matveevna -¿y quien de nosotros los parientes no ha oído hablar de Stepanida
Matveevna? el año pasado me echó de Duhanovo a escobazos- había recibido una carta
informándole que un pariente suyo en Moscú estaba en las últimas: un padre o una hija,
no sé quién a punto fijo ni me interesa saberlo; quizá los dos, el padre y la hija, y por


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