El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.100
Indice General
|
Volver
Página 100 de 141
No me lo prohibía; hasta ella misma me incitaba alguna vez a hablar y .... claro, lo
hacía en broma. Sé de cierto -lo he notado bien- que, después de haberme escuchado
hasta el fin y soliviantado hasta el colmo, le gustaba desconcertarme con alguna
expresión de suprema indiferencia y desdén. Y, no obstante, sabía que no podía vivir sin
ella. Habían pasado ya tres días desde el incidente con el barón y yo ya no podía soportar
nuestra separación. Cuando poco antes la encontré en el Casino, me empezó a martillar el
corazón de tal modo que perdí el color. ¡Pero es que ella tampoco podía vivir sin mí! Me
necesitaba y, ¿pero es posible que sólo como bufón o hazmerreír?
Tenía un secreto, ello era evidente. Su conversación con la abuela fue para mí una
dolorosa punzada en el corazón. Mil veces la había instado a ser sincera conmigo y sabía
que estaba de veras dispuesto a dar la vida por ella; y, sin embargo, siempre me tenía a
raya, casi con desprecio, y en lugar del sacrificio de mi vida que le ofrecía me exigía una
travesura como la de tres días antes con el barón. ¿No era esto una ignominia? ¿Era
posible que todo el mundo fuese para ella ese francés? ¿Y míster Astley? Pero al llegar a
este punto, el asunto se volvía absolutamente incomprensible, y mientras tanto... ¡ay,
Dios, qué sufrimiento el mío!
Cuando llegué a casa, en un acceso de furia cogí la pluma y le garrapateé estos
renglones:
«Polina Aleksandrovna, veo claro que ha llegado el desenlace, que, por supuesto, la
afectará a usted también. Repito por última vez: ¿necesita usted mi vida o no? Si la
necesita, para lo que sea, disponga de ella. Mientras tanto esperaré en mi habitación, al
menos la mayor parte del tiempo, y no iré a ninguna parte. Si es necesario, escríbame o
llámeme.»
Sellé la nota y la envié con el camarero de servicio, con orden de que la entregara en
propia mano. No esperaba respuesta, pero al cabo de tres minutos volvió el camarero con
el recado de que se me mandaban «saludos».
Eran más de las seis cuando me avisaron que fuera a ver al general. Éste se hallaba en
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-141
|