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El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.95

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chillaban en coro y perjuraban que la abuela les debía dinero, que los había engañado en
algo y que los había tratado indigna y vergonzosamente. El infeliz Potapych, con
lágrimas en los ojos, me lo contó todo esa misma noche, después de la pérdida del dinero,
y se quejaba de que los polacos se llenaban los bolsillos de dinero; decía que él mismo
había visto cómo lo robaban descaradamente y se lo embolsaban a cada instante. Uno de
ellos, por ejemplo, le sacaba a la abuela cinco federicos de oro por sus servicios y los
ponía junto por junto con las apuestas de la abuela. La abuela ganaba y él exclamaba que
era su propia puesta la que había ganado y que la de ella había perdido, Cuando los
expulsaron, Potapych se adelantó y dijo que llevaban los bolsillos llenos de oro.
Inmediatamente la abuela pidió al crupier que tomara las medidas pertinentes, y aunque
los dos polacos se pusieron a alborotar como gallos apresados, se presentó la policía y en
un dos por tres vaciaron sus bolsillos en provecho de la abuela. Ésta, hasta que lo perdió
todo, gozó durante ese día de indudable prestigio entre los crupieres y los empleados del
Casino. Poco a poco su fama se extendió por toda la ciudad. Todos los visitantes del
balneario, de todas las naciones, la gente ordinaria lo mismo que la de más campanillas,
se apiñaban para ver a une vieille comtesse russe, tombée en enfance, que había perdido
ya «algunos millones».
La abuela, sin embargo, no sacó mucho provecho de que la rescataran de los dos
polaquillos. A reemplazarlos en su servicio surgió un tercer polaco, que hablaba el ruso
muy correctamente. Iba vestido como un gentleman aunque parecía un lacayo, con
enormes bigotes y mucha arrogancia. También él besó «los pies de la señora» y «se puso
a los pies de la señora», pero con los circunstantes se mostró altivo y se condujo
despóticamente, en suma, que desde el primer momento se instaló no como sirviente, sino
como amo de la abuela. A cada instante, con cada jugada, se volvía a ella y juraba con
terribles juramentos que era un «pan honorable» y que no tomaría un solo kopek del
dinero de la abuela.


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