Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El jugador (Fedor Dostoiewski)

El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.94

Indice General | Volver

Página 94 de 141


Se diría que este sueño repulsivo,
con las impresiones que ha traído consigo, me es tan amable que no permito que nada
nuevo lo roce por temor a que se disipe en humo. ¿Me es tan querido todo esto? Sí, sin
duda lo es. Quizá lo recordaré todavía dentro de cuarenta años...
Así, pues, me pongo a escribir. Sin embargo, todo ello se puede contar ahora parcial y
brevemente: no se puede, en absoluto, decir lo mismo de las impresiones...

En primer lugar, acabemos con la abuela. Al día siguiente perdió todo lo que le
quedaba. No podía ser de otro modo: cuando una persona así se aventura una vez por ese
camino es igual que si se deslizara en trineo desde lo alto de una montaña cubierta de
nieve: va cada vez más de prisa. Estuvo jugando todo el día, hasta las ocho de la noche.
Yo no presencié el juego y sólo sé lo que he oído contar a otros.
Potapych pasó con ella en el Casino todo el día. Los polacos que dirigían el juego de la
abuela se relevaron varias veces durante la jornada. Ella empezó mandando a paseo al
polaco del día antes, al que había tirado del pelo, y tomó otro, pero éste resultó casi peor.
Cuando despidió al segundo y volvió a tomar el primero -que no se había marchado sino
que durante su ostracismo había seguido empujando tras la silla de ella y asomando a
cada minuto la cabeza-, la abuela acabó por desesperarse del todo. El segundo polaco, a
quien había despedido, tampoco quería irse por nada del mundo; uno se colocó a la
derecha de la señora y otro a la izquierda. No paraban de reñir y se insultaban con motivo
de las puestas y el juego, llamándose mutuamente laidak y otras lindezas polacas por el
estilo. Más tarde hicieron las paces, movían el dinero sin orden ni concierto y apostaban a
la buena de Dios. Cuando se peleaban, cada uno hacía puestas por su cuenta, uno, por
ejemplo, al rojo y otro al negro. De esta manera acabaron por marear y sacar de quicio a
la abuela, hasta que ésta, casi llorando, rogó al viejo crupier que la protegiera echándoles
de allí. En seguida, efectivamente, los expulsaron a pesar de sus gritos y protestas; ambos


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-141  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados