El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.92
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cambiado, es decir, diez mil rublos más en moneda rusa. En el casino se pegó a sus faldas
el mismo polaquillo a quien antes había dado dos federicos de oro, y quien estuvo
continuamente dirigiendo su juego. Al principio, hasta que se presentó el polaco, mandó
hacer las posturas a Potapych, pero pronto lo despidió; y fue entonces cuando asomó el
polaco. Para mayor desdicha, éste entendía el ruso e incluso chapurreaba una mezcla de
tres idiomas, de modo que hasta cierto punto se entendían. La abuela no paraba de
insultarle sin piedad, aunque él decía de continuo que «se ponía a los pies de la señora».
-Pero ¿cómo compararle con usted, Aleksei Ivanovich? -decía Potapych-. A usted la
señora le trataba exactamente como a un caballero, mientras que ése -mire, lo vi con mis
propios ojos, que me quede en el sitio si miento- estuvo robándole lo que estaba allí
mismo en la mesa; ella misma le cogió con las manos en la masa dos veces. Le puso
como un trapo, con todas las palabras habidas y por haber, y hasta le tiró del pelo una
vez, así como lo oye usted, que no miento, y todo el mundo alrededor se echó a reír. Lo
perdió todo, señor, todo lo que tenía, todo lo que usted había cambiado. Trajimos aquí a
la señora, pidió de beber sólo un poco de agua, se santiguó, y a su camita. Estaba rendida,
claro, y se durmió en un tris. ¡Que Dios le haya mandado sueños de ángel! ¡Ay, estas
tierras de extranjis! -concluyó Potapych-. ¡Ya decía yo que traerían mala suerte! ¡Cómo
me gustaría estar en nuestro Moscú cuanto antes! ¡Y como si no tuviéramos una casa en
Moscú! Jardín, flores de las que aquí no hay, aromas, las manzanas madurándose, mucho
sitio... ¡Pues nada: que teníamos que ir al extranjero! ¡Ay, ay, ay!
Capítulo 13
Ha pasado ya casi un mes desde que toqué por última vez estos apuntes míos que
comencé bajo el efecto de impresiones tan fuertes como confusas. La catástrofe, cuya
inminencia presentía, se produjo efectivamente, pero cien veces más devastadora e
inesperada de lo que había pensado. En todo ello había algo extraño, ruin y hasta trágico,
por lo menos en lo que a mí atañía.
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