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El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.76

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éste también.
Esta vez se trataba de un viejo canoso, con una pata de palo, que vestía una especie de
levita azul de ancho vuelo y que llevaba un largo bastón en la mano. Tenía aspecto de
veterano del ejército. Pero cuando le alargué el gulden, dio un paso atrás y me miró
amenazante.
- Was ist´s der Teufel! -gritó, añadiendo luego a la frase una decena de juramentos.
-¡Idiota! -exclamó la abuela despidiéndole con un gesto de la mano-. Sigamos adelante.
Tengo hambre. Ahora mismo a comer, luego me echo un rato y después volvemos allá.
-¿Quiere usted jugar otra vez, abuela? -grité.
-¿Pues qué pensabas? ¿Que porque vosotros estáis aquí mano sobre mano y alicaídos,
yo debo pasar el tiempo mirándoos?
-Mais, madame -dijo Des Grieux acercándose-, les chances peuvent tourner, une seule
mauvaise chance et vous perdrez tout.. surtout avec votre jeu... c´était terrible!
- Vous perdrez absolument -gorjeó mlle. Blanche.
-¿Y eso qué les importa a ustedes? No será su dinero el que pierda, sino el mío. ¿Dónde
está ese mister Astley? -me preguntó.
-Se quedó en el Casino, abuela.
-Lo siento. Es un hombre tan bueno.
Una vez en el hotel la abuela, encontrando en la escalera al Oberkellner, lo llamó y
empezó a hablar con vanidad de sus ganancias. Luego llamó a Fedosya, le regaló tres
federicos de oro y le mandó que sirviera la comida. Durante ésta, Fedosya y Marfa se
desvivieron por atender a la señora.
-La miré a usted, señora -dijo Marfa en un arranque-, y le dije a Potapych ¿qué es lo
que quiere hacer nuestra señora? Y en la mesa, dinero y más dinero, ¡santos benditos! En
mi vida he visto tanto dinero. Y alrededor todo era señorío, nada más que señorío. ¿Pero
de dónde viene todo este señorío? le pregunté a Potapych. Y pensé: ¡Que la mismísima
Madre de Dios la proteja! Recé por usted, señora, y estaba temblando, toda temblando,
con el corazón en la boca, así como lo digo. Dios mío -pensé- concédeselo, y ya ve usted
que el Señor se lo concedió. Todavía sigo temblando, señora, sigo toda temblando.
-Aleksei Ivanovich, después de la comida, a eso de las cuatro, prepárate y vamos. Pero
adiós por ahora. Y no te olvides de mandarme un mediquillo, porque tengo que tomar las


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