El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.66
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¿Con quién habría de verlo sino conmigo? Sola no se atrevería a asomar la nariz a la
calle.
-Pero abuela...
-¿Es que te da vergüenza ir conmigo? Nadie te lo exige; quédate en casa. ¡Pues anda
con el general! Si a eso vamos, yo también soy generala. ¿Y por qué viene toda esa
caterva tras de mi? Me basta con Aleksei Ivanovich para verlo todo.
Pero Des Grieux insistió vivamente en que todos la acompañarían y habló con frases
muy amables del placer de ir con ella, etc., etc. Todos nos pusimos en marcha.
-Elle est tombée en enfance -repitió Des Grieux al general-, seule elle fera des bêtises...
-No pude oír lo demás que dijo, pero al parecer tenía algo entre ceja y ceja y quizás su
esperanza había vuelto a rebullir.
Hasta el Casino había un tercio de milla. Nuestra ruta seguía la avenida de los castaños
hasta la glorieta, y una vez dada la vuelta a ésta se llegaba directamente al Casino. El
general se tranquilizó un tanto, porque nuestra comitiva, aunque harto excéntrica, era
digna y decorosa. Nada tenía de particular que apareciera por el balneario una persona de
salud endeble imposibilitada de las piernas. Sin embargo, se veía que el general le tenía
miedo al Casino: ¿por qué razón iba a las salas de juego una persona tullida de las piernas
y vieja por más señas? Polina y mademoiselle Blanche caminaban una a cada lado junto a
la silla de ruedas. Mademoiselle Blanche reía, mostraba una alegría modesta y a veces
hasta bromeaba amablemente con la abuela, hasta tal punto que ésta acabó por hablar de
ella con elogio. Polina, al otro lado, se veía obligada a contestar a las numerosas y
frecuentes preguntas de la anciana: «¿Quién es el que ha pasado? ¿Quién es la que iba en
el coche? ¿Es grande la ciudad? ¿Es grande el jardín? ¿Qué clase de árboles son éstos?
¿Qué son esas montañas? ¿Hay águilas aquí? ¡Qué tejado tan ridículo!». Mister Astley
caminaba juntó a mí y me decía por lo bajo que esperaba mucho de esa mañana.
Potapych y Marfa marchaban inmediatamente detrás de la silla: él en su frac y corbata
blanca, pero con gorra; ella -una cuarentona sonrosada pero que ya empezaba a
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