El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.59
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Se
hospedan en este hotel -dije yo.
-¿Está casada la hija? -preguntó la abuela sin pararse en barras.
-Mademoiselle de Cominges es soltera -respondí lo más cortésmente posible y, de
propósito, a media voz,
-¿Es alegre?
Yo no alcancé a entender la pregunta.
-¿No se aburre uno con ella? ¿Entiende el ruso? Porque cuando Des Grieux estuvo con
nosotros en Moscú llegó a chapurrearlo un poco.
Le expliqué que mlle. de Cominges no había estado nunca en Rusia.
-Bonjour! -dijo la abuela encarándose bruscamente con mlle. Blanche.
-Bonjour, madame! -Mlle. Blanche, con elegancia y ceremonia, hizo una leve
reverencia. Bajo la desusada modestia y cortesía se apresuró a manifestar, con toda la
expresión de su rostro y figura, el asombro extraordinario que le causaba una pregunta
tan extraña y un comportamiento semejante.
-¡Ah, ha bajado los ojos, es amanerada y artificiosa! Ya se ve qué clase de pájaro es:
una actriz de ésas. Estoy abajo, en este hotel -dijo dirigiéndose de pronto al general-, Seré
vecina tuya. ¿Estás contento o no?
-¡Oh, tía! Puede creer en mi sentimiento sincero... de satisfacción -dijo el general
cogiendo al vuelo la pregunta. Ya había recobrado en parte su presencia de ánimo, y
como cuando se ofrecía ocasión sabía hablar bien, con gravedad y cierta pretensión de
persuadir, se preparó a declamar ahora también-. Hemos estado tan afectados y alarmados
con las noticias sobre su estado de salud... Hemos recibido telegramas que daban tan poca
esperanza, y de pronto...
-¡Pues mientes, mientes! -interrumpió al momento la abuela.
-¿Pero cómo es -interrumpió a su vez en seguida el general, levantando la voz y
tratando de no reparar en ese «mientes»-, cómo es que, a pesar de todo, decidió usted
emprender un viaje como éste? Reconozca que a sus años y dada su salud... ; de todos
modos ha sido tan inesperado que no es de extrañar nuestro asombro. Pero estoy tan
contento...; y todos nosotros (y aquí inició una sonrisa afable y seductora) haremos todo
lo posible para que su temporada aquí sea de lo más agradable...
-Bueno, basta; cháchara inútil; tonterías como de costumbre; yo sé bien cómo pasar el
tiempo. Pero no te tengo inquina; no guardo rencor. Preguntas que cómo he venido. ¿Pero
qué hay de extraordinario en esto? De la manera más sencilla.
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