El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.44
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En suma -dije en conclusión-, sólo pedía que el barón
me ofreciera una salida.
-¡Uf, qué escrupulosidad y qué finura! ¿Y por qué tiene usted que disculparse? Vamos,
monsieur; reconozca, monsieur.. que lo hace usted adrede para molestar al general... y
quizá con otras miras personales... mon cher monsieur, pardon, j´ai oublié votre nom,
monsieur Alexis ?.. n´est-ce pas?
-Pero, perdón, mon cher marquis, ¿a usted qué le va en ello?
-Mais le général..
-¿Y qué le va al general? ]Él dijo algo ayer de que tenía que conducirse de cierta
manera... y que estaba inquieto .... pero yo no comprendí nada.
-Aquí hay,.. aquí hay efectivamente una circunstancia personal -dijo Des Grieux con
tono suplicante en el que se notaba cada vez más la mortificación-. ¿Usted conoce a
mademoiselle de Cominges?
-¿Quiere usted decir mademoiselle Blanche?
-Pues si, mademoiselle Blanche de Cominges... et madame sa mère...; reconozca que el
general ... para decirlo de una vez, qué el general está enamorado y que hasta es posible
que se celebre la boda aquí. Imagínese que en tal ocasión hay escándalos, historias...
-No veo escándalos ni historias que tengan relación con la boda.
-Pero le baron est si irascible, un caractère prussien, vous savez, enfin, il fera une
querelle d´Allemand.
-Pero a mí y no a ustedes, puesto que yo ya no pertenezco a la casa... (Yo trataba adrede
de parecer lo más torpe posible.) Pero, perdón, ¿ya está resuelto que mademoiselle
Blanche se casa con el general? ¿A qué esperan? Quiero decir.. ¿a qué viene ocultarlo,
por lo menos de nosotros, la gente de la casa?
-A usted no puedo... es que todavía no está por completo ... ; sin embargo... usted sabe
que esperan noticias de Rusia; el general necesita arreglar algunos asuntos...
-¡Ah, ah! ¡la baboulinka!
Des Grieux me miró con encono.
-En fin -interrumpió-, confío plenamente en su congénita amabilidad, en su
inteligencia, en su tacto ... ; al fin y al cabo, lo haría usted por una familia en la que fue
recibido como pariente, querido, respetado...
-¡Perdone, he sido despedido! Usted afirma ahora que fue por salvar las apariencias;
pero reconozca que si le dicen a uno: «No quiero, por supuesto, tirarte de las orejas, pero
para salvar las apariencias deja que te tire de ellas .
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