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El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.40

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¡Imagínese lo que puede resultar de esto! ¡Más disgustos!
¡Usted mismo convendrá en que debo conducirme aquí de una manera especial, sobre
todo ahora!... ¡sobre todo ahora!... ¡Ay, usted no conoce, no conoce, todas mis
circunstancias! Cuando nos vayamos de aquí estoy dispuesto a contratarle de nuevo.
Hablaba sólo de ahora... en fin, usted conoce los motivos! -gritó desesperado- ¡Aleksei
Ivanovich, Aleksei Ivanovich!
Una vez más, desde la puerta, le dije con voz firme que no se preocupara, le prometí
que todo se haría pulcra y decorosamente, y me apresuré a salir.
A veces los rusos que están en el extranjero se muestran demasiado pusilánimes, temen
sobremanera el qué dirán, la manera cómo la gente los mira, y se preguntan si es
decoroso hacer esto o aquello; en fin, viven como encorsetados, sobre todo cuando
aspiran a distinguirse. Lo que más les agrada es cierta pauta preconcebida, establecida de
una vez para siempre, que aplican servilmente en los hoteles, en los paseos, en las
reuniones, cuando van de viaje... Ahora bien, al general se le escapó sin querer el
comentario de que, además de eso, había otras circunstancias particulares, de que le era
preciso «conducirse de manera algo especial». De ahí que se apocara tan de repente y
cambiara de tono conmigo. Yo lo observé y tomé nota mental de ello. Y como, sin duda,
por pura necedad, él podía apelar mañana a las autoridades, me era preciso tomar
precauciones.
Por otra parte, yo en realidad no quería enfurecer al general; pero sí quería enfurecer a
Polina. Polina me había tratado tan cruelmente, me había puesto en situación tan estúpida
que quería obligarla a que me pidiera ella misma que cesara en mis actos. Mis travesuras
Podían llegar a comprometerla, sin contar que en mí iban surgiendo otras emociones y
apetencias; porque si ante ella me veo reducido voluntariamente a la nada, eso no
significa que sea un «gallina» ante otras gentes, ni por supuesto que pueda el barón
«darme de bastonazos». Lo que yo deseaba era reírme de todos ellos y salir victorioso en
este asunto. ¡Que mirasen bien! Quizá ella se asustaría y me llamaría de nuevo. Y si no lo
hacía, vería de todos modos que no soy un «gallina».

(Noticia sorprendente.


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