El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.34
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de risa, a mí por lo menos. No consigo explicarme lo que me sucedió: ¿estaba, en efecto,
fuera de mí o simplemente me salí un momento del carril y me porté como un patán
merecedor de que lo aten? A veces me parece que estoy ido de la cabeza, pero otras creo
que soy un chicuelo no muy lejos todavía del banco de la escuela, y que lo que hago son
sólo burdas chiquilladas de escolar.
Ha sido Polina, todo ello ha sido obra de Polina. Sin ella no hubiera habido esas
travesuras. ¡Quién sabe! Acaso lo hice por desesperación (por muy necio que parezca
suponerlo). No comprendo, no comprendo en qué consiste su atractivo. En cuanto a
hermosa, lo es, debe de serlo, porque vuelve locos a otros hombres. Alta y bien plantada,
sólo que muy delgada. Tengo la impresión de que puede hacerse un nudo con ella o
plegarla en dos.
Su pie es largo y estrecho -una tortura, eso es, una tortura-. Su pelo tiene un ligero tinte
rojizo. Los ojos, auténticamente felinos ¡y con qué orgullo y altivez sabe mirar con ellos!
Hace cuatro meses, a raíz de mi llegada, estaba ella hablando una noche en la sala con
Des Grieux. La conversación era acalorada. Y ella le miraba de tal modo... que más tarde,
cuando fui a acostarme, saqué la conclusión de que acababa de darle una bofetada. Estaba
de pie ante él y mirándole... Desde esa noche la quiero.
Pero vamos al caso.
Por una vereda entré en la avenida, me planté en medio de ella y me puse a esperar al
barón y la baronesa. Cuando estuvieron a cinco pasos de mí me quité el sombrero y me
incliné.
Recuerdo que la baronesa llevaba un vestido de seda de mucho vuelo, gris oscuro, con
volante de crinolina y cola. Era mujer pequeña y de corpulencia poco común, con una
papada gruesa y colgante que impedía verle el cuello. Su rostro era de un rojo subido; los
ojos eran pequeños, malignos e insolentes. Caminaba como si tuviera derecho a todos los
honores. El marido era alto y seco. Como ocurre a menudo entre los alemanes, tenía la
cara torcida y cubierta de un sinfín de pequeñas arrugas. Usaba lentes. Tendría unos
cuarenta y cinco años.
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