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El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.30

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Dondequiera que estoy sólo veo a usted, y lo demás me importa
un comino. No sé por qué ni cómo la quiero. ¿Sabe? Quizá no tiene usted nada de guapa.
Figúrese que ni tengo idea de si es usted hermosa de cara. Su corazón, huelga decirlo, no
tiene nada de hermoso y acaso sea usted innoble de espíritu.
-¿Es por eso por lo que quiere usted comprarme con dinero? -preguntó-. ¿Porque no
cree en mi nobleza de espíritu?
-¿Cuándo he pensado en comprarla con dinero? -grité.
-Se le ha ido la lengua y ha perdido el hilo. Si no comprarme a mí misma, sí piensa
comprar mi respeto con dinero.
-¡Que no, de ningún modo! Ya le he dicho que me cuesta trabajo explicarme. Usted me
abruma. No se enfade con mi cháchara. Usted comprende por qué no Vale la pena
enojarse conmigo: estoy sencillamente loco. Pero, por otra parte, me da lo mismo que se
enfade usted. Allá arriba, en mi cuchitril, me basta sólo recordar e imaginar el rumor del
vestido de usted y ya estoy para morderme las manos. ¿Y por qué se enfada conmigo?
¿Porque me llamo su esclavo? ¡Aprovéchese, aprovéchese de mi esclavitud, aprovéchese
de ella! ¿Sabe que la mataré algún día? Y no la mataré por haber dejado de quererla, ni
por celos; la mataré sencillamente porque siento ganas de comérmela. Usted se ríe...
-No me río, no, señor -dijo indignada-. Le mando que se calle.
Se detuvo, con el aliento entrecortado por la ira. ¡Por Dios vivo que no sé si era
hermosa! Lo que si sé es que me gustaba mirarla cuando se encaraba conmigo así, por lo
que a menudo me agradaba provocar su enojo. Quizá ella misma lo notaba y se enfadaba
de propósito. Se lo dije.
- ¡Qué porquería! -exclamó con repugnancia.
-Me es igual -proseguí-. Sepa que hay peligro en que nos paseemos juntos; más de una
vez he sentido el deseo irresistible de golpearla, de desfigurarla, de estrangularla. ¿Y cree
usted que las cosas no llegarán a ese extremo? Usted me lleva hasta el arrebato. ¿Cree
que temo el escándalo? ¿El enojo de usted? ¿Y a mí qué me importa su enojo? Yo la
quiero sin esperanza y sé que después de esto la querré mil veces más.


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