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El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.28

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Además,
un esclavo no puede ofender.
-¡Tonterías! No puedo aguantar esa teoría suya sobre la «esclavitud».
-Fíjese en que no hablo de mi esclavitud porque me guste ser su esclavo. Hablo de ella
como de un simple hecho que no depende de mí.
-Diga sin rodeos, ¿por qué necesita dinero?
-Y usted, ¿por qué quiere saberlo?
-Como guste -respondió con un movimiento orgulloso de la cabeza.
-No puede usted aguantar la teoría de la esclavitud, pero exige esclavitud: «¡Responder
y no razonar!». Bueno, sea. ¿Por qué necesito dinero, pregunta usted? ¿Cómo que por
qué? El dinero es todo.
-Comprendo, pero no hasta el punto de caer en tal locura por el deseo de tenerlo.
Porque usted llega hasta el frenesí, hasta el fatalismo. En ello hay algo, algún motivo
especial. Dígalo sin ambages. Lo quiero.
Empezaba por lo visto a enfadarse y a mí me agradaba mucho que me preguntara con
acaloramiento.
-Claro que hay un motivo -dije-, pero temo no saber cómo explicarlo. Sólo que con el
dinero seré para usted otro hombre, y no un esclavo.
-¿Cómo? ¿Cómo conseguirá usted eso?
-¿Que cómo lo conseguiré? ¿Conque usted no concibe siquiera que yo pueda conseguir
que no me mire como a un esclavo? Pues bien, eso es lo que no quiero, esa sorpresa, esa
perplejidad.
-Usted decía que consideraba esa esclavitud como un placer. As! lo pensaba yo
también.
-Así lo pensaba usted -exclamé con extraño deleite-. ¡Ah, qué deliciosa es esa
ingenuidad suya! ¡Conque sí, sí, usted mira mi esclavitud como un placer. Hay placer, sí,
cuando se llega al colmo de la humildad y la insignificancia -continué en mi delirio-.
¿Quién sabe? Quizá lo haya también en el knut cuando se hunde en la espalda y arranca
tiras de carne... Pero quizá quiero probar otra clase de placer. Hoy, a la mesa, en
presencia de usted, el general me predicó un sermón a cuenta de los setecientos rublos
anuales que ahora puede que no me pague. El marqués Des Grieux me mira alzando las
cejas, y ni me ve siquiera. Y yo, por mi parte, quizá tenga un deseo vehemente de tirar de
la nariz al marqués Des Grieux en presencia de usted.
-Palabras propias de un mocosuelo. En toda situación es posible comportarse con
dignidad. Si hay lucha, que sea noble y no humillante.


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