El jugador (Fedor Dostoiewski) - pág.18
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Por lo pronto, el francés
apenas le saluda y casi no le mira, lo que quiere decir, por lo tanto, que no le teme. Esto
se comprende. ¿Pero por qué mademoiselle Blanche tampoco le mira? Tanto más cuanto
el marqués reveló anoche el secreto- de pronto, no recuerdo con qué motivo, dijo en
conversación general que mister Astley es colosalmente rico y que lo sabe de buena
fuente. ¡Buena ocasión era ésa para que mademoiselle Blanche mirara a mister Astley!
De todos modos, el general estaba intranquilo. Bien se comprende lo que puede significar
para él el telegrama con la noticia de la muerte de su tía.
Aunque estaba casi seguro de que Polina evitaría, como de propósito, conversar
conmigo, yo también me mostré frío e indiferente, pensando que ella acabaría por
acercárseme. En consecuencia, ayer y hoy he concentrado principalmente mi atención en
mademoiselle Blanche. ¡Pobre general, ya está perdido por completo! Enamorarse a los
cincuenta y cinco años y con pasión tan fuerte es, por supuesto, una desgracia. Agréguese
a ello su viudez, sus hijos, la ruina casi total de su hacienda, sus deudas, y, para acabar, la
mujer de quien le ha tocado en suerte enamorarse. Mademoiselle Blanche es bella, pero
no sé si se me comprenderá si digo que tiene uno de esos semblantes de los que cabe
asustarse. Yo al menos les tengo miedo a esas mujeres. Tendrá unos veinticinco años. Es
alta y ancha de hombros, terminados en ángulos rectos. El cuello y el pecho son
espléndidos. Es trigueña de piel, tiene el pelo negro como el azabache y en tal abundancia
que hay bastante para dos coiffures. El blanco de sus ojos tira un poco a amarillo, la
mirada es insolente, los dientes son de blancura deslumbrante, los labios los lleva siempre
pintados, huele a almizcle. Viste con ostentación, en ropa de alto precio, con chic, pero
con gusto exquisito. Sus manos y pies son una maravilla. Su voz es un contralto algo
ronco. De vez en cuando ríe a carcajadas y muestra todos los dientes, pero por lo común
su expresión es taciturna y descarada, al menos en presencia de Polina y de Marya
Filippovna. (Rumor extraño: Marya Filippovna regresa a Rusia.) Sospecho que
mademoiselle Blanche carece de instrucción; quizá incluso no sea inteligente, pero por
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