Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.475
Indice General
|
Volver
Página 475 de 508
Rodia, ¿dónde vas? Pues vas a emprender un viaje, ¿verdad?
-Sí.
-Me lo figuraba. Pero puedo acompañarte. Y Dunia también. Te quiere mucho. Además, puede venir con nosotros Sonia Simonovna. De buen grado la aceptaría como hija. Dmitri Prokofitch nos ayudará a hacer los preparativos... Pero dime: ¿adónde vas?
-Adiós.
-Pero ¿te vas hoy mismo? --exclamó como si fuera a perder a su hijo para siempre.
-No puedo estar más tiempo aquí. He de partir en seguida.
-¿No puedo acompañarte?
-No. Arrodíllate y ruega a Dios por mi. Tal vez te escuche.
-Deja que te dé mi bendición... Así... ¡Señor, Señor...!
Rodia se felicitaba de que nadie, ni siquiera su hermana, estuviera presente en aquella entrevista. De súbito, tras aquel horrible período de su vida, su corazón se había ablandado. Raskolnikof cayó a los pies de su madre y empezó a besarlos. Después los dos se abrazaron y lloraron. La madre ya no daba muestras de sorpresa ni hacia pregunta alguna. Hacía tiempo que sospechaba que su hijo atravesaba una crisis terrible y comprendía que había llegado el momento decisivo.
-Rodia, hijo mío, mi primer hijo -decía entre sollozos-, ahora te veo como cuando eras niño y venías a besarme y a ofrecerme tus caricias. Entonces, cuando aún vivía tu padre, tu presencia bastaba para consolarnos de nuestras penas. Después, cuando el pobre ya habia muerto, ¡cuántas veces lloramos juntos ante su tumba, abrazados como ahora! Si hace tiempo que no ceso de llorar es porque mi corazón de madre se sentía torturado por terribles presentimientos. En nuestra primera entrevista, la misma tarde de nuestra llegada a Petersburgo, tu cara me anunció algo tan doloroso, que mi corazón se paralizó, y hoy, cuando te he abierto la puerta y te he visto, he comprendido que el momento fatal había llegado. Rodia, ¿verdad que no partes en seguida?
-No.
-¿Volverás?
-Si.
-No te enfades, Rodia; no quiero interrogarte; no me atrevo a hacerlo. Pero quisiera que me dijeses una cosa: ¿vas muy lejos?
-Sí, muy lejos.
-¿Tendrás allí un empleo, una posición?
-Tendré lo que Dios quiera. Ruega por mí.
Raskolnikof se dirigió a la puerta, pero ella lo cogió del brazo y lo miró desesperadamente a los ojos. Sus facciones reflejaban un espantoso sufrimiento.
-Basta, mamá.
En aquel momento se arrepentía profundamente de haber ido a verla.
-No te vas para siempre, ¿verdad? Vendrás mañana, ¿no es cierto?
-Si, si.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
451
452
453
454
455
456
457
458
459
460
461
462
463
464
465
466
467
468
469
470
471
472
473
474
475
476
477
478
479
480
481
482
483
484
485
486
487
488
489
490
491
492
493
494
495
496
497
498
499
500
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-508
|