Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.456
Indice General
|
Volver
Página 456 de 508
Usted no haría entonces sino inclinarse ante las circunstancias, ceder a la necesidad, por decirlo así... Piense usted en ello. La suerte de su hermano, y también la de su madre, está en sus manos. Piense, además, que yo seré su esclavo, y para toda la vida... Espero su resolución.
Svidrigailof se sentó en el sofá, a unos ocho pasos de Dunia. La joven no tenía la menor duda acerca de sus intenciones: sabía que eran inquebrantables, pues conocía bien a Svidrigailof... De pronto sacó del bolsillo un revólver, lo preparó para disparar y lo dejó en la mesa, al alcance de su mano.
Svidrigailof hizo un movimiento de sorpresa.
-¡Ah, caramba! -exclamó con una pérfida sonrisa-. Así la cosa cambia por completo. Usted misma me facilita la tarea, Avdotia Romanovna... Pero ¿de dónde ha sacado usted ese revólver? ¿Se lo ha proporcionado el señor Rasumikhine? ¡Toma, si es el mío! ¡Un viejo amigo! ¡Tanto como lo busqué! Las lecciones de tiro que tuve el honor de darle en el campo no fueron inútiles, por lo que veo.
-Este revólver no es tuyo, monstruo, sino de Marfa Petrovna. No había nada tuyo en su casa. Lo cogí cuando comprendí de lo que eras capaz. Si das un paso, te juro que te mato.
Dunia había empuñado el revólver. En su desesperación, estaba dispuesta a disparar.
-Bueno, ¿y su hermano? Le hago esta pregunta por pura curiosidad -dijo Svidrigailof sin moverse del sitio.
-Denúnciale si quieres. Un paso y disparo. Tú envenenaste a tu esposa: estoy segura. Tú también eres un asesino.
-¿Está usted segura de que envenené a Marfa Petrovna?
-Sí, tú mismo me lo dejaste entrever. Me hablaste de un veneno. Sé que te lo habías procurado, que lo habías preparado... Fuiste tú, tú..., ¡infame!
-Si eso fuera verdad, sólo lo habría hecho por ti: tú habrías sido la causa.
-¡Mientes! Yo siempre lo he odiado, ¡siempre!
-Por lo visto, Avdotia Romanovna, usted se ha olvidado de que, cuando trataba de convertirme, se inclinaba sobre mí y me dirigía lánguidas miradas. Yo, entonces, la miraba fijamente a los ojos, ¿recuerda...? La noche..., el claro de luna... Un ruiseñor cantaba...
La ira llameó en los ojos de Dunia.
-¡Mientes, mientes! ¡Eres un calumniador!
-¿Miento? Bien, lo admito. No se deben recordar estas cosillas a las mujeres -añadió con una sonrisa burlona-. Sé que vas a disparar, preciosa bestezuela. Pues bien, dispara.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
451
452
453
454
455
456
457
458
459
460
461
462
463
464
465
466
467
468
469
470
471
472
473
474
475
476
477
478
479
480
481
482
483
484
485
486
487
488
489
490
491
492
493
494
495
496
497
498
499
500
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-508
|