Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.454
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Esto es señal de que regresará tarde.
-¡Me has engañado! ¡Me has mentido! -exclamó Dunia en un arrebato de cólera que la enloquecía-. Ahora lo veo claro. ¡Me has mentido! ¡No te creo, no te creo!
Y cayó casi desvanecida en una silla que Svidrigailof se apresuró a acercarle.
-Pero, ¿qué le ocurre, Avdotia Romanovna? Cálmese. Tenga, beba un poco de agua.
Svidrigailof le salpicó el rostro. Dunetchka se estremeció y volvió en sí.
-Ha sido un golpe demasiado violento -murmuró Svidrigailof, apenado-. Tranquilícese, Avdotia Romanovna. Su hermano tiene amigos. Le salvaremos. ¿Quiere usted que lo mande al extranjero? No tardaré más de tres días en conseguirle un billete. En cuanto a su crimen, él lo borrará a fuerza de buenas acciones. Cálmese. Todavía puede llegar a ser un gran hombre. ¿Se siente usted mejor?
-¡Qué cruel e indigno es usted! Todavía se atreve a burlarse. ¡Déjeme en paz!
-¿Adónde va?
-A casa de Rodia. ¿Dónde está ahora? Usted lo sabe... ¿Por qué está cerrada esta puerta? Hemos entrado por aquí y ahora está cerrada con llave. ¿Cuándo la ha cerrado?
-No iba a dejar que todo el mundo oyera lo que decíamos. Estoy muy lejos de burlarme. Lo que ocurre es que estoy cansado de hablar en este tono. ¿Adónde se propone usted ir? ¿Es que quiere entregar a su hermano a la justicia? Piense que usted puede enloquecerlo y dar lugar a que se entregue él mismo. Sepa usted que le vigilan, que le siguen los pasos. Espere. Ya le he dicho que le he visto hace un rato y que he hablado con él. Todavía podemos salvarlo. Espere; siéntese y vamos a estudiar juntos lo que se puede hacer. La he hecho venir para que hablemos tranquilamente. Siéntese, haga el favor.
¿Cómo va usted a salvarlo? ¿Acaso tiene salvación?
Dunia se sentó. Svidrigailof ocupó otra silla cerca de ella. -Eso depende de usted, de usted, sólo de usted -dijo en un susurro.
Sus ojos centelleaban. Su agitación era tan profunda, que apenas podía articular las palabras. Dunia retrocedió, inquieta. El prosiguió, temblando:
-De usted depende... Una sola palabra de usted, y lo salvaremos. Yo... yo lo salvaré. Tengo dinero y amigos. Le mandaré en seguida al extranjero. Sacaré un pasaporte para mí...; no, dos pasaportes: uno para él y otro para mí. Tengo amigos, hombres influyentes... ¿Quiere...? Sacaré también un pasaporte para usted..., y otro para su madre.
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