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Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.433

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¿Se escandaliza de oírme hablar así de las mujeres?
-¿CÓmo no escandalizarme su libertinaje?
-¡Libertinaje, libertinaje...! Para responder a su primera pregunta, le hablaré de la mujer en general. Estoy dispuesto a charlar un rato. Dígame: ¿por qué he de huir de las mujeres siendo un gran amador? Esto es, al menos, una ocupación para mí.
-Entonces, ¿usted sólo ha venido aquí para ir de jarana?
-Admitamos que sea así. Sin duda, eso de la disipación le tiene obsesionado, pero le confieso que me gustan las preguntas directas. El libertinaje tiene, cuando menos, un carácter de continuidad fundado en la naturaleza y no depende de un capricho: es algo que arde en la sangre como un carbón siempre incandescente y que sólo se apaga con la edad, y aun así difícilmente, a fuerza de agua fría. Confiese que esto, en cierto modo, es una ocupación.
-Pero ¿qué tiene de divertido para usted esa vida? Es una enfermedad, y de las malas.
-Ya le veo venir. Admito que eso es una enfermedad como todas las inclinaciones exageradas, y en este caso uno rebasa siempre los límites de lo normal; pero tenga en cuenta que esto es cosa que cambia según los individuos. Desde luego, hay que reprimirse, aunque sólo sea por conveniencia; pero si yo no tuviera esta ocupación, acabaría por descerrajarme de un tiro en la cabeza. Bien sé que el hombre honrado tiene que aburrirse, pero aun así...
-¿Sería usted capaz de dispararse un balazo en la cabeza?
-¿A qué viene esa pregunta? -exclamó Svidrigailof con un gesto de contrariedad-. Le ruego que no hablemos de estas cosas -se apresuró a añadir, dejando su tono de jactancia.
Incluso su semblante había cambiado.
-No puedo remediarlo. Sé que esto es una debilidad vergonzosa pero temo a la muerte y no me gusta oír hablar de ella. ¿Sabe usted que soy un poco místico?
-Ya sé lo que quiere usted decir... El espectro de Marfa Petrovna... Dígame: se le aparece todavía.
-No me hable de eso -exclamó, irritado-. En Petersburgo no se me ha aparecido aún. ¡Que el diablo se lo lleve...! Hablemos de otra cosa... Además, no me sobra el tiempo. Aun sintiéndolo mucho, pronto tendremos que dejar nuestra charla... Pero aún tengo algo que decirle.
-Le espera una mujer, ¿verdad?
-Sí... Un caso extraordinario. Pura casualidad... Pero no es de esto de lo que quería hablarle.
-¿No le inquieta la bajeza de esta conducta? ¿Es que no tiene usted fuerza de voluntad suficiente para detenerse?


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