Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.415
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Me lo refirió con gran lujo de pormenores la persona que había desempeñado en la escena el papel principal, con gran propiedad por cierto, aunque sin darse cuenta.
»Todos estos hechos se acumulan, mi querido Rodion Romanovitch. En estas condiciones, ¿cómo no adoptar una posición determinada? "Así como cien conejos no hacen un caballo, cien presunciones no constituyen una prueba", dice el proverbio inglés. Pero en este caso habla la razón, y las pasiones son algo muy distinto. Pruebe usted a luchar contra las pasiones. Al fin y al cabo, un juez de instrucción es un hombre y, por lo tanto, accesible a las pasiones.
»Además, pensé en el artículo que usted publicó en cierta revista, ¿recuerda usted? Hablamos de él en nuestra primera conversación. Entonces me mofé de él, pero lo hice con la intención de hacerle hablar. Porque, se lo repito, usted es un hombre poco paciente, Rodion Romanovitch, y tiene los nervios echados a perder. En cuanto a su osadía, su orgullo, la seriedad de su carácter y sus sufrimientos, hacía ya tiempo que los había advertido. Conocía todos estos sentimientos y consideré que su artículo exponía ideas que no eran un secreto para nadie. Estaba escrito con mano febril y corazón palpitante en una noche de insomnio y era el producto de un alma rebosante de pasión reprimida. Pues bien, esta pasión y este entusiasmo contenidos de la juventud son peligrosos. Entonces me burlé de usted, pero ahora quiero decirle que, mirando las cosas como simple lector, me deleitó el juvenil ardor de su pluma. Esto no es más que humo, niebla, una cuerda que vibra entre brumas. Su artículo es absurdo y fantástico, pero ¡respira tanta sinceridad! Rezuma un insobornable y juvenil orgullo, y también osadía y desesperación. Es un artículo pesimista, pero este pesimismo le va bien. Entonces lo leí, después puse en orden sus ideas, y, al ordenarlas, me dije: "No creo que este hombre se limite a esto." Y ahora dígame: teniendo estos antecedentes, ¿cómo no había de dejarme influir por lo que sucedió después? Pero entonces no dije nada y ahora no me arriesgaré a hacer la menor afirmación. Entonces me limité a observar y ahora mi pensamiento es éste: "Tal vez toda esta historia es pura imaginación, un simple producto de mi fantasía. Un juez de instrucción no debe apasionarse de este modo. A mí sólo debe interesarme una cosa, y es que tengo a Mikolka.
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