Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.398
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El caballero, sin desplegar los labios, entregó a la viuda un billete de tres rublos, mientras su semblante reflejaba una compasión sincera. Catalina Ivanovna aceptó el obsequio y se inclinó ceremoniosamente.
-Muchas gracias, señor -dijo en un tono lleno de dignidad-. Las razones que nos han impulsado a... Toma el dinero, Poletchka. Ya ves que todavía hay en el mundo hombres generosos y magnánimos prestos a socorrer a una dama de la nobleza caída en el infortunio. Los huérfanos que ve ante usted, señor, son de origen noble, e incluso puede decirse que están emparentados con la más alta aristocracia... Ese miserable general estaba comiendo perdices... Empezó a golpear el suelo con el pie, contrariado por mi presencia, y yo le dije: -Excelencia, usted conocía a Simón Zaharevitch. Proteja a sus huérfanos. El mismo día de su entierro, su hija ha tenido que soportar las calumnias del más miserable de los hombres...» ¿Todavía está aquí este soldado?
Y gritó, dirigiéndose al funcionario:
-Protéjame, señor. ¿Por qué me acosa este soldado? Ya hemos tenido que librarnos de uno en la calle de los Burgueses... ¿Qué quieres de ml, imbécil?
-Está prohibido armar escándalo en la calle. Haga el favor de comportarse con más corrección.
-¡Tú sí que eres incorrecto! Yo no hago sino lo que hacen los músicos ambulantes. ¿Por qué te has de ensañar conmigo?
-Los músicos ambulantes necesitan un permiso. Usted no lo tiene y provoca escándalos en la vía pública. ¿Dónde vive usted?
-¿Un permiso? -exclamó Catalina Ivanovna-. ¡He enterrado hoy a mi marido! ¿Qué permiso puedo tener?
-Cálmese, señora -dijo el funcionario-. Venga, la acompañaré a su casa. Usted no es persona para estar entre esta gente. Está usted enferma...
-¡Señor, usted no conoce nuestra situación! -dijo Catalina Ivanovna-. Tenemos que ir a la avenida Nevsky... ¡Sonia, Sonia...! ¿Dónde estás? ¿También tú lloras? Pero ¿qué os pasa a todos...? Kolia Lena, ¿adónde vais? -exclamó, súbitamente aterrada-. ¡Qué niños tan estúpidos! ¡Kolia, Lena! ¿Adónde vais?
Lo ocurrido era que los niños, ya asustados por la multitud que los rodeaba y por las extravagancias de su madre, habían sentido verdadero terror al ver acercarse al gendarme dispuesto a detenerlos y habían huido a todo correr.
La infortunada Catalina Ivanovna se había lanzado en pos de ellos, gimiendo y sollozando. Era desgarrador verla correr jadeando y entre sollozos. Sonia y Poletchka salieron en su persecución.
-¡Cógelos, Sonia! ¡Qué niños tan estúpidos e ingratos! ¡Detenlos, Polia! Todo lo he hecho por vosotros.
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