Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.388
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-¿Irás, irás? -le preguntó.
Raskolnikof estaba tan abatido, que tanta exaltación le sorprendió.
-¿Quieres que vaya a presidio, Sonia? -preguntó con acento sombrío-. ¿Pretendes que vaya a presentarme a la justicia?
-Debes aceptar el sufrimiento, la expiación, que es el único medio de borrar tu crimen.
-No, no iré a presentarme a la justicia, Sonia.
-¿Y tu vida qué? -exclamó la joven-. ¿Cómo vivirás? ¿Podrás vivir desde ahora? ¿Te atreverás a dirigir la palabra a tu madre...? ¿Qué será de ellas...? Pero ¿qué digo? Ya has abandonado a tu madre y a tu hermana. Bien sabes que las has abandonado... ¡Señor...! Él ya ha comprendido lo que esto significa... ¿Se puede vivir lejos de todos los seres humanos? ¿Qué va a ser de ti?
-No seas niña, Sonia -respondió dulcemente Raskolnikof-. ¿Quién es esa gente para juzgar mi crimen? ¿Qué podría decirles? Su autoridad es pura ilusión. Dan muerte a miles de hombres y ven en ello un mérito. Son unos bribones y unos cobardes, Sonia... No iré. ¿Qué quieres que les diga? ¿Que he escondido el dinero debajo de una piedra por no atreverme a quedármelo? -Y añadió, sonriendo amargamente-: Se burlarían de mí. Dirían que soy un imbécil al no haber sabido aprovecharme. Un imbécil y un cobarde. No comprenderían nada, Sonia, absolutamente nada. Son incapaces de comprender. ¿Para qué ir? No, no iré. No seas niña, Sonia.
-Tu vida será un martirio -dijo la joven, tendiendo hada él los brazos en una súplica desesperada.
-Tal vez me haya calumniado a mí mismo -dijo, absorto y con acento sombrío-. Acaso soy un hombre todavía, no un gusano, y me he precipitado al condenarme. Voy a intentar seguir luchando.
Y sonrió con arrogancia.
-¡Pero llevar esa carga de sufrimiento toda la vida, toda la vida...!
-Ya me acostumbraré -dijo Raskolnikof, todavía triste y pensativo.
Pero un momento después exclamó:
-¡Bueno, basta de lamentaciones! Hay que hablar de cosas más importantes. He venido a decirte que me siguen la pista de cerca.
-¡Oh! -exclamó Sonia, aterrada.
-Pero ¿qué te pasa? ¿Por qué gritas? Quieres que vaya a presidio, y ahora te asustas. ¿De qué? Pero escucha: no me dejaré atrapar fácilmente. Les daré trabajo. No tienen pruebas. Ayer estuve verdaderamente en peligro y me creí perdido, pero hoy el asunto parece haberse arreglado. Todas las pruebas que tienen son armas de dos filos, de modo que los cargos que me hagan no puedo presentarlos de forma que me favorezcan, ¿comprendes? Ahora ya tengo experiencia.
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