Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.345
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No he terminado todavía.
-¡Ah! Bien -balbuceó la joven.
-Siéntese, haga el favor.
Sonia, desconcertada, se sentó una vez más.
-Viendo la triste situación de esa mujer, que ha de atender a niños de corta edad, yo desearía, como ya le he dicho, serle útil en la medida de mis medios... Compréndame, en la medida de mis medios y nada más. Por ejemplo, se podría organizar una suscripción, o una rifa, o algo análogo, como suelen hacer en estos casos los parientes o las personas extrañas que desean acudir en ayuda de algún desgraciado. Esto es lo que quería decir. La cosa me parece posible.
-Sí, está muy bien... Dios se lo... -balbuceó Sonia sin apartar los ojos de Piotr Petrovitch.
-La cosa es posible, sí, pero... dejémoslo para más tarde, aunque hayamos de empezar hoy mismo. Nos volveremos a ver al atardecer, y entonces podremos establecer las bases del negocio, por decirlo así. Venga a eso de las siete. Confío en que Andrés Simonovitch querrá acompañarnos... Pero hay un punto que desearía tratar con usted previamente con toda seriedad. Por eso principalmente me he permitido llamarla, Sonia Simonovna. Yo creo que el dinero no debe ponerse en manos de Catalina Ivanovna. La comida de hoy es buena prueba de ello. No teniendo, como quien dice, un pedazo de pan para mañana, ni zapatos que ponerse, ni nada, en fin, hoy ha comprado ron de Jamaica, e incluso creo que café y vino de Madera. lo he visto al pasar. Mañana toda la familia volverá a estar a sus expensas y usted tendrá que procurarles hasta el último bocado de pan. Esto es absurdo. Por eso yo opino que la suscripción debe organizarse a espaldas de esa desgraciada viuda, para que sólo usted maneje el dinero. ¿Qué le parece?
-Pues... no sé... Ella es así sólo hoy..., una vez en la vida... Tenía en mucho poder honrar la memoria... Pero es muy inteligente. Además, usted puede hacer lo que le parezca, y yo le quedaré muy... muy..., y todos ellos también... Y Dios le... Le..., y los huerfanitos...
Sonia no pudo terminar: se lo impidió el llanto.
-Entonces no se hable más del asunto. Y ahora tenga la bondad de aceptar para las primeras necesidades de su madre esta cantidad, que representa mi aportación personal. Es mi mayor deseo que mi nombre no se pronuncie para nada en relación con este asunto.
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