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Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.271

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Además, es muy probable que me case muy pronto con cierta joven, lo que demuestra que no pretendo atraerme a Avdotia Romanovna. Y, para terminar, le diré que si se casa con Lujine, su hermana aceptará esta misma suma, sólo que de otra manera. En fin, Rodion Romanovitch, no se enfade usted y reflexione sobre esto con calma y sangre fría.
Svidrigailof había pronunciado estas palabras con un aplomo extraordinario.
-Basta ya -dijo Raskolnikof-. Su proposición es de una insolencia imperdonable.
-No estoy de acuerdo. Según ese criterio, en este mundo un hombre sólo puede perjudicar a sus semejantes y no tiene derecho a hacerles el menor bien, a causa de las estúpidas conveniencias sociales. Esto es absurdo. Si yo muriese y legara esta suma a mi hermana, ¿se negaría ella a aceptarla?
-Es muy posible.
-Pues yo estoy seguro de que no la rechazaría. Pero no discutamos. Lo cierto es que diez mil rublos no son una cosa despreciable. En fin, fuera como fuere, le ruego que transmita nuestra conversación a Avdotia Romanovna.
-No lo haré.
-En tal caso, Rodion Romanovitch, me veré obligado a procurar tener una entrevista con ella, cosa que tal vez la moleste.
-Y si yo le comunico su proposición, ¿usted no intentará visitarla?
-Pues... no sé qué decirle. ¡Me gustaría tanto verla, aunque sólo fuera una vez!
-No cuente con ello.
-Pues es una lástima. Por otra parte, usted no me conoce. Podríamos llegar a ser buenos amigos.
-¿Usted cree?
-¿Por qué no? -exclamó Svidrigailof con una sonrisa.
Se levantó y cogió su sombrero.
-¡Vaya! No quiero molestarle más. Cuando venía hacia aquí no tenía demasiadas esperanzas de... Sin embargo, su cara me había impresionado esta mañana.
-¿Dónde me ha visto usted esta mañana? -preguntó Raskolnikof con visible inquietud.
-Le vi por pura casualidad. Sin duda, usted y yo tenemos algo en común... Pero no se agite. No me gusta importunar a nadie. He tenido cuestiones con los jugadores de ventaja y no he molestado jamás al príncipe Svirbey, gran personaje y pariente lejano mío. Incluso he escrito pensamientos sobre la Virgen de Rafael en el álbum de la señora Prilukof. He vivido siete años con Marfa Petrovna sin moverme de su hacienda... Y antaño pasé muchas noches en la casa Viasemsky, de la plaza del Mercado... Además, tal vez suba en el globo de Berg.
-Permítame una pregunta. ¿Piensa usted emprender muy pronto su viaje?


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