Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.254
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Cerró los ojos y así estuvo una media hora.
No pensaba en nada concreto: sólo pasaban por su imaginación retazos de ideas, imágenes vagas que se hacinaban en desorden, rostros que había conocido en su infancia, fisonomías vistas una sola vez, casualmente, y que en otras circunstancias no habría podido recordar... Veía el campanario de la iglesia de V., una mesa de billar y, junto a ella, de pie, un oficial desconocido... De un estanco instalado en un sótano salía un fuerte olor a tabaco... Una taberna, una escalera de servicio oscura como boca de lobo, cubiertas de cáscaras de huevo y toda clase de basuras caseras; el sonido de una campana dominical... Los objetos cambian de continuo y giran en torno de él como un frenético torbellino. Algunos le gustan e intenta atraparlos, pero al punto se desvanecen. Experimenta una ligera sensación de ahogo, pero en ella hay un algo agradable. Persiste el leve temblor que se ha apoderado de él, y tampoco esta sensación es ingrata...
En esto oyó los pasos presurosos de Rasumikhine, seguidos de su voz, y cerró los ojos para que lo creyera dormido.
Rasumikhine abrió la puerta y permaneció un momento en el umbral, indeciso. Luego entró silenciosamente y se acercó al diván con grandes precauciones.
-No lo despiertes; déjalo dormir todo lo que quiera -murmuró Nastasia-. Ya comerá más tarde.
-Tienes razón -repuso Rasumikhine.
Los dos salieron de puntillas y cerraron la puerta.
Transcurrió una media hora. De súbito, Raskolnikof empezó a abrir poco a poco los ojos. Después hizo un rápido movimiento y quedó boca arriba, con las manos enlazadas bajo la nuca.
-¿Quién es? ¿Quién será ese hombre que parece haber surgido de debajo de la tierra? ¿Dónde estaba y qué vio? ¡Ah!, de que lo vio todo no hay duda. Bien, pero ¿desde dónde presenció la escena? ¿Y por qué habrá esperado hasta este momento para dar señales de vida? ¿Cómo se las arreglaría para ver? Si parece imposible... Además -siguió reflexionando Raskolnikof, dominado por un terror glacial-, ahí está el estuche que Nicolás encontró detrás de la puerta... ¿Se podía esperar que ocurriera esto...? Pruebas... Basta equivocarme en una nimiedad para crear una prueba que va creciendo hasta alcanzar dimensiones gigantescas.»
Con profundo pesar, notó que las fuerzas le abandonaban, que una extrema debilidad le invadía.
-Debí suponerlo -se dijo con amarga ironía-. No sé cómo me atreví a hacerlo.
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