Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.239
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Habría que atarlo -dijo Porfirio Petrovitch entre risas-. Figúrese usted -añadió dirigiéndose a Raskolnikof- esta misma música en una habitación y a seis voces. Esto fue la reunión de anoche. Además, nos había saturado previamente de ponche. ¿Comprende usted lo que sería aquello...? Por otra parte, estás equivocado: el medio desempeña un gran papel en la criminalidad. Estoy dispuesto a demostrártelo.
-Eso ya lo sé. Pero dime: pongamos el ejemplo del hombre de cuarenta años que deshonra a una niña de diez. ¿Es el medio el que le impulsa?
-Pues sí, se puede decir que es el medio el que le impulsa -repuso Porfirio Petrovitch adoptando una actitud especialmente grave-. Ese crimen se puede explicar perfectamente, perfectísimamente, por la influencia del medio.
Rasumikhine estuvo a punto de perder los estribos.
-Yo también te puedo probar a ti -gruñó- que tus blancas pestañas son una consecuencia del hecho de que el campanario de Iván el Grande [L36]mida treinta toesas de altura. Te lo demostraré progresivamente, de un modo claro, preciso e incluso con cierto matiz de liberalismo. Me comprometo a ello. Di: ¿quieres que te lo demuestre?
-Sí, vamos a ver cómo te las compones.
-¡Siempre con tus burlas! -exclamó Rasumikhine con un tono de desaliento-. No vale la pena hablar contigo. Te advierto, Rodia, que todo esto lo hace expresamente. Tú todavía no le conoces. Ayer sólo expuso su parecer para mofarse de todos. ¡Qué cosas dijo, Señor! ¡Y ellos encantados de tenerlo en la reunión...! Es capaz de estar haciendo este juego durante dos semanas enteras. El año pasado nos aseguró que iba a ingresar en un convento y estuvo afirmándolo durante dos meses. Últimamente se imaginó que iba a casarse y que todo estaba ya listo para la boda. Incluso se hizo un traje nuevo. Nosotros empezamos a creerlo y a felicitarle. Y resultó que la novia no existía y que todo era pura invención.
-Estás equivocado. Primero me hice el traje y entonces se me ocurrió la idea de gastaros la broma.
-¿De verdad es usted tan comediante? -preguntó con cierta indiferencia Raskolnikof.
-Le parece mentira, ¿verdad? Pues espere, que con usted voy a hacer lo mismo. ¡Ja, ja, ja...! No, no; le voy a decir la verdad. A propósito de todas esas historias de crímenes, de medios, de jovencitas, recuerdo un articulo de usted que me interesó y me sigue interesando. Se titulaba... creo que -El crimen», pero la verdad es que de esto no estoy seguro.
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