Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.235
Indice General
|
Volver
Página 235 de 508
.. Puedes creerme, Porfirio: apenas se tiene en pie... Pues bien, ayer aprovechó un momento, unos minutos, en que Zosimof y yo le dejamos, para vestirse, salir furtivamente y marcharse a Dios sabe dónde. ¡Y esto en pleno delirio! ¿Has visto cosa igual? ¡Este hombre es un caso!
-¿En pleno delirio? ¡Qué locura! -exclamó Porfirio Petrovitch, sacudiendo la cabeza.
-¡Eso es mentira! ¡No crea usted ni una palabra...! Pero sobra esta advertencia, porque usted no lo ha creído, ni mucho menos -dejó escapar Raskolnikof, aturdido por la cólera.
Pero Porfirio no dio muestras de entender estas extrañas palabras.
-¿Cómo te habrías atrevido a salir si no hubieses estado delirando? -exclamó Rasumikhine, perdiendo la calma a su vez-: ¿Por qué saliste? ¿Con qué intención? ¿Y por qué lo hiciste a escondidas? Confiesa que no podías estar en tu juicio. Ahora que ha pasado el peligro, puedo hablarte francamente.
-Me fastidiaron insoportablemente -dijo Raskolnikof, dirigiéndose a Porfirio con una sonrisa burlona, insolente, retadora-. Huí para ir a alquilar una habitación donde no pudieran encontrarme. Y llevaba en el bolsillo una buena cantidad de dinero. El señor Zamiotof lo sabe porque lo vio. Por lo tanto, señor Zamiotof, le ruego que resuelva usted nuestra disputa. Diga: ¿estaba delirando o conservaba mi sano juicio?
De buena gana habría estrangulado a Zamiotof, tanto le irritaron su silencio y sus miradas equívocas.
-Me pareció -dijo al fin Zamiotof secamente- que hablaba usted como un hombre razonable; es más, como un hombre... prudente; sí, prudente. Pero también parecía usted algo exasperado.
-Y hoy -intervino Porfirio Petrovitch- Nikodim Fomitch me ha contado que le vio ayer, a hora muy avanzada, en casa de un funcionario que acababa de ser atropellado por un coche.
-¡Ahí tenemos otra prueba! -exclamó al punto Rasumikhine-. ¿No es cierto que te condujiste como un loco en casa de ese desgraciado? Entregaste todo el dinero a la viuda para el entierro. Bien que la socorrieras, que le dieses quince, hasta veinte rublos, con lo que te habrían quedado cinco para ti; pero no todo lo que tenías...
-A lo mejor, es que me he encontrado un tesoro. Esto justificaría mi generosidad. Ahí tienes al señor Zamiotof, que cree que, en efecto, me lo he encontrado...
Y añadió, dirigiéndose a Porfirio Petrovitch, con los labios temblorosos:
-Perdone que le hayamos molestado durante media hora con una charla tan inútil. Está usted abrumado, ¿verdad?
-¡Qué disparate! Todo lo contrario.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
245
246
247
248
249
250
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-508
|