Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.214
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Y se echó a reír.
-Si es una tontería, lo celebro -dijo Zosimof levantándose-. Pues hasta a mí me ha parecido... Bueno, me tengo que marchar. Vendré más tarde... Supongo que le encontraré aquí.
Saludó y se fue.
-Es un hombre excelente -dijo Pulqueria Alejandrovna.
-Sí, un hombre excelente, instruido, perfecto -exclamó Raskolnikof precipitadamente y animándose de súbito-. No recuerdo dónde lo vi antes de mi enfermedad, pero sin duda lo vi en alguna parte... Y ahí tenéis otro hombre excelente -añadió señalando a Rasumikhine-. ¿Te ha sido simpático, Dunia? -preguntó de pronto. Y se echó a reír sin razón alguna.
-Mucho -respondió Dunia.
-¡No seas imbécil! -exclamó Rasumikhine poniéndose colorado y levantándose.
Pulqueria Alejandrovna sonrió y Raskolnikof soltó la carcajada.
-Pero ¿adónde vas?
-Tengo que hacer.
-Tú no tienes nada que hacer. De modo que te has de quedar. Tú te quieres marchar porque se ha ido Zosimof. Quédate... ¿Qué hora es, a todo esto? ¡Qué preciosidad de reloj, Dunia! ¿Queréis decirme por qué seguís tan callados? El único que habla aquí soy yo.
-Es un regalo de Marfa Petrovna--dijo Dunia.
-Un regalo de alto precio -añadió Pulqueria Alejandrovna.
-Pero es demasiado grande. Parece un reloj de hombre.
-Me gusta así.
-No es un regalo de su prometido», pensó Rasumikhine, alborozado.
-Yo creía que era un regalo de Lujine -dijo Raskolnikof. -No, Lujine todavía no le ha regalado nada.
-¡Ah!, ¿no...? ¿Te acuerdas, mamá, de que estuve enamorado y quería casarme? -preguntó de pronto, mirando a su madre, que se quedó asombrada ante el giro imprevisto que Rodia había dado a la conversación, y también ante el tono que había empleado.
-Sí, me acuerdo perfectamente.
Y cambió una mirada con Dunia y otra con Rasumikhine.
-¡Bah! Hablando sinceramente, ya lo he olvidado todo. Era una muchacha enfermiza -añadió, pensativo y bajando la cabeza- y, además, muy pobre. También era muy piadosa: soñaba con la vida conventual. Un día, incluso se echó a llorar al hablarme de esto... Sí, sí; lo recuerdo, lo recuerdo perfectamente... Era fea... En realidad, no sé qué atractivo veía en ella... Yo creo que si hubiese sido jorobada o coja, la habría querido todavía más.
Quedó pensativo, sonriendo, y terminó:
-Aquello no tuvo importancia: fue una locura pasajera...
-No, no fue simplemente una locura pasajera -dijo Dunetchka, convencida.
Raskolnikof miró a su hermana atentamente, como si no hubiese comprendido sus palabras. Acaso ni siquiera las había oído.
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