Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.212
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-No te preocupes, Rodia; estoy segura de que todo lo que tú haces está bien hecho -repuso la madre alegremente.
-No estés tan segura -repuso él, esbozando una sonrisa.
Se hizo el silencio. Toda esta conversación, con sus pausas, el perdón concedido y la reconciliación, se había desarrollado en una atmósfera no desprovista de violencia, y todos se habían dado cuenta de ello.
-Se diría que me temen», pensó Raskolnikof mirando furtivamente a su madre y a su hermana.
Efectivamente, Pulqueria Alejandrovna parecía sentirse más y más atemorizada a medida que se prolongaba el silencio.
-¡Tanto como creía amarlas desde lejos!», pensó Raskolnikof repentinamente.
-¿Sabes que Marfa Petrovna ha muerto, Rodia? -preguntó de pronto Pulqueria Alejandrovna.
-¿Qué Marfa Petrovna?
-¿Es posible que no lo sepas? Marfa Petrovna Svidrigailova. ¡Tanto como te he hablado de ella en mis cartas!
¡Ah, sí! Ahora me acuerdo -dijo como si despertara de un sueño-. ¿De modo que ha muerto? ¿Cómo?
Esta muestra de curiosidad alentó a Pulqueria Alejandrovna, que respondió vivamente:
-Fue una muerte repentina. La desgracia ocurrió el mismo día en que te envié mi última carta. Su marido, ese monstruo, ha sido sin duda el culpable. Dicen que le dio una tremenda paliza.
-¿Eran frecuentes esas escenas entre ellos? -preguntó Raskolnikof dirigiéndose a su hermana.
-No, al contrario: él se mostraba paciente, e incluso amable con ella. En algunos casos era hasta demasiado indulgente. Así vivieron durante siete años. Hasta que un día, de pronto, perdió la paciencia.
-O sea que ese hombre no era tan terrible. De serlo, no habría podido comportarse con tanta prudencia durante siete años. Me parece, Dunetchka, que tú piensas así y lo disculpas.
-¡Oh, no! Es verdaderamente un hombre despiadado. No puedo imaginarme nada más horrible -repuso la joven con un ligero estremecimiento.
Luego frunció las cejas y quedó absorta.
-La escena tuvo lugar por la mañana -prosiguió precipitadamente Pulqueria Alejandrovna-. Después, Marfa Petrovna ordenó que le preparasen el coche, a fin de trasladarse a la ciudad después de comer, como hacía siempre en estos casos. Dicen que comió con excelente apetito.
-¿A pesar de los golpes?
-Ya se iba acostumbrando... Apenas terminó de comer, fue a bañarse; así se podría marchar en seguida... Seguía un tratamiento hidroterápico. En la finca hay un manantial de agua fría y ella se bañaba en él todos los días con regularidad. Apenas entró en el agua, sufrió un ataque de apoplejía.
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