Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.202
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Sin embargo...
-¿Qué?
-Que él no ama a nadie y tal vez no sienta amor jamás -afirmó Rasumikhine.
-Es decir, que lo considera usted incapaz de amar.
-¿Sabe usted, Avdotia Romanovna, que se parece extraordinariamente, e incluso me atrevería a decir que en todo, a su hermano? -dijo Rasumikhine sin pensarlo.
Pero en seguida se acordó del juicio que acababa de expresar sobre tal hermano, y enrojeció hasta las orejas. La joven no pudo menos de echarse a reír al advertirlo.
-Es muy posible que estéis los dos equivocados en vuestro juicio sobre Rodia -dijo Pulqueria Alejandrovna, un tanto ofendida-. No hablo del presente, Dunetchka. Lo que Piotr Petrovitch nos dice en su carta y lo que tú y yo hemos sospechado acaso no sea verdad; pero usted, Dmitri Prokofitch, no puede imaginarse hasta qué extremo llega Rodia en sus fantasías y en sus caprichos... No he tenido con él un momento de tranquilidad, ni cuando era un chiquillo de quince años. Todavía le creo capaz de hacer algo que a nadie puede pasarle por la imaginación... Sin ir más lejos, hace año y medio me dio un disgusto de muerte con su decisión de casarse con la hija de su patrona, esa señora..., ¿cómo se llama...?, Zarnitzine.
-¿Conoce usted los detalles de esa historia? -preguntó Avdotia Romanovna.
-¿Cree usted -continuó con vehemencia Pulqueria Alejandrovna- que habrían podido detenerle mis lágrimas, mis súplicas, mi falta de salud, mi muerte, nuestra miseria, en fin? No, él habría pasado sobre todos los obstáculos con la mayor tranquilidad del mundo.
-Él no me ha dicho ni una sola palabra sobre este asunto -dijo prudentemente Rasumikhine-, pero yo he sabido algo por la viuda de Zarnitzine, la cual por cierto no es nada habladora. Y lo que esa señora me ha dicho es bastante extraño.
-¿Qué le ha dicho? -preguntaron las dos mujeres a la vez.
-¡Oh! Nada de particular. Lo que he sabido es que ese matrimonio, que estaba irrevocablemente decidido y que sólo la muerte de la prometida pudo impedir, no era del agrado de la señora Zarnitzine... Supe, además, que la novia era una mujer fea y enfermiza..., una joven extraña, aunque dotada de ciertas prendas. Sin duda, las debía de poseer, pues, de otro modo, no se habría comprendido que Rodia... Además, la muchacha no tenía dote... Sin embargo, él no se habría casado por interés... Es muy difícil formular un juicio.
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