Crimen y Castigo (Fedor Dostoiewski) - pág.177
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-Escuche: ¿cómo se llama usted...? ¡Ah!, ¿y dónde vive? -preguntó precipitadamente, con voz entrecortada.
Él apoyó sus manos en los hombros de la niña y la miró con una expresión de felicidad. Ni él mismo sabía por qué se sentía tan profundamente complacido al contemplar a Polenka así.
-¿Quién te ha enviado?
-Mi hermana Sonia -respondió la niña, sonriendo más alegremente aún que antes.
-Lo sabía, estaba seguro de que te había mandado Sonia.
-Y mamá también. Cuando mi hermana me estaba dando el recado, mamá se ha acercado y me ha dicho: -¡Corre, Polenka!
-¿Quieres mucho a Sonia?
-La quiero más que a nadie -repuso la niña con gran firmeza. Y su sonrisa cobró cierta gravedad.
-¿Y a mí? ¿Me querrás?
La niña, en vez de contestarle, acercó a él su carita, contrayendo y adelantando los labios para darle un beso. De súbito, aquellos bracitos delgados como cerillas rodearon el cuello de Raskolnikof fuertemente, muy fuertemente, y Polenka, apoyando su infantil cabecita en el hombro del joven, rompió a llorar, apretándose cada vez más contra él.
-¡Pobre papá! -exclamó poco después, alzando su rostro bañado en lágrimas, que secaba con sus manos-. No se ven más que desgracias -añadió inesperadamente, con ese aire especialmente grave que adoptan los niños cuando quieren hablar como las personas mayores.
-¿Os quería vuestro padre?
-A la que más quería era a Lidotchka -dijo Polenka con la misma gravedad y ya sin sonreír-, porque es la más pequeña y está siempre enferma. A ella le traía regalos y a nosotras nos enseñaba a leer, y también la gramática y el catecismo -añadió con cierta arrogancia-. Mamá no decía nada, pero nosotros sabíamos que esto le gustaba, y papá también lo sabía; y ahora mamá quiere que aprenda francés, porque dice que ya tengo edad para empezar a estudiar.
-¿Y las oraciones? ¿Las sabéis?
-¡Claro! Hace ya mucho tiempo. Yo, como soy ya mayor, rezo bajito y sola, y Kolia y Lidotchka rezan en voz alta con mamá. Primero dicen la oración a la Virgen, después otra: -Señor, perdona a nuestro otro papá y bendícelo.» Porque nuestro primer papá se murió, y éste era el segundo, y nosotros rezábamos también por el primero.
-Poletchka, yo me llamo Rodion. Nómbrame también alguna vez en tus oraciones... -Y también a tu siervo Rodion...» Basta con esto.
-Toda mi vida rezaré por usted -respondió calurosamente la niña
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