Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.829
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Dineros llevo, porque si buenos azotes me daban, bien
caballero me iba.
-Déjate desas sandeces -dijo don Quijote-, y vamos con pie derecho a entrar
en nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones, y la traza
que en la pastoral vida pensamos ejercitar.
Con esto, bajaron de la cuesta y se fueron a su pueblo.
Capítulo LXXIII. De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea,
con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia
A la entrada del cual, según dice Cide Hamete, vio don Quijote que en las
eras del lugar estaban riñendo dos mochachos, y el uno dijo al otro:
-No te canses Periquillo, que no la has de ver en todos los días de tu
vida.
Oyólo don Quijote, y dijo a Sancho:
-¿No adviertes, amigo, lo que aquel mochacho ha dicho: ´´no la has de ver
en todos los días de tu vida´´?
-Pues bien, ¿qué importa -respondió Sancho- que haya dicho eso el mochacho?
-¿Qué? -replicó don Quijote-. ¿No vees tú que, aplicando aquella palabra a
mi intención, quiere significar que no tengo de ver más a Dulcinea?
Queríale responder Sancho, cuando se lo estorbó ver que por aquella campaña
venía huyendo una liebre, seguida de muchos galgos y cazadores, la cual,
temerosa, se vino a recoger y a agazapar debajo de los pies del rucio.
Cogióla Sancho a mano salva y presentósela a don Quijote, el cual estaba
diciendo:
-Malum signum! Malum signum! Liebre huye, galgos la siguen: ¡Dulcinea no
parece!
-Estraño es vuesa merced -dijo Sancho-. Presupongamos que esta liebre es
Dulcinea del Toboso y estos galgos que la persiguen son los malandrines
encantadores que la transformaron en labradora: ella huye, yo la cojo y la
pongo en poder de vuesa merced, que la tiene en sus brazos y la regala:
¿qué mala señal es ésta, ni qué mal agüero se puede tomar de aquí?
Los dos mochachos de la pendencia se llegaron a ver la liebre, y al uno
dellos preguntó Sancho que por qué reñían. Y fuele respondido por el que
había dicho ´´no la verás más en toda tu vida´´, que él había tomado al
otro mochacho una jaula de grillos, la cual no pensaba volvérsela en toda
su vida. Sacó Sancho cuatro cuartos de la faltriquera y dióselos al
mochacho por la jaula, y púsosela en las manos a don Quijote, diciendo:
-He aquí, señor, rompidos y desbaratados estos agüeros, que no tienen que
ver más con nuestros sucesos, según que yo imagino, aunque tonto, que con
las nubes de antaño. Y si no me acuerdo mal, he oído decir al cura de
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