Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.826
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se hacían en Zaragoza, adonde yo iba; y, en verdad en verdad que le hice
muchas amistades, y que le quité de que no le palmease las espaldas el
verdugo, por ser demasiadamente atrevido.
-Y, dígame vuestra merced, señor don Álvaro, ¿parezco yo en algo a ese tal
don Quijote que vuestra merced dice?
-No, por cierto -respondió el huésped-: en ninguna manera.
-Y ese don Quijote -dijo el nuestro-, ¿traía consigo a un escudero llamado
Sancho Panza?
-Sí traía -respondió don Álvaro-; y, aunque tenía fama de muy gracioso,
nunca le oí decir gracia que la tuviese.
-Eso creo yo muy bien -dijo a esta sazón Sancho-, porque el decir gracias
no es para todos, y ese Sancho que vuestra merced dice, señor gentilhombre,
debe de ser algún grandísimo bellaco, frión y ladrón juntamente, que el
verdadero Sancho Panza soy yo, que tengo más gracias que llovidas; y si no,
haga vuestra merced la experiencia, y ándese tras de mí, por los menos un
año, y verá que se me caen a cada paso, y tales y tantas que, sin saber yo
las más veces lo que me digo, hago reír a cuantos me escuchan; y el
verdadero don Quijote de la Mancha, el famoso, el valiente y el discreto,
el enamorado, el desfacedor de agravios, el tutor de pupilos y huérfanos,
el amparo de las viudas, el matador de las doncellas, el que tiene por
única señora a la sin par Dulcinea del Toboso, es este señor que está
presente, que es mi amo; todo cualquier otro don Quijote y cualquier otro
Sancho Panza es burlería y cosa de sueño.
-¡Por Dios que lo creo! -respondió don Álvaro-, porque más gracias habéis
dicho vos, amigo, en cuatro razones que habéis hablado, que el otro Sancho
Panza en cuantas yo le oí hablar, que fueron muchas. Más tenía de comilón
que de bien hablado, y más de tonto que de gracioso, y tengo por sin duda
que los encantadores que persiguen a don Quijote el bueno han querido
perseguirme a mí con don Quijote el malo. Pero no sé qué me diga; que osaré
yo jurar que le dejo metido en la casa del Nuncio, en Toledo, para que le
curen, y agora remanece aquí otro don Quijote, aunque bien diferente del
mío.
-Yo -dijo don Quijote- no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy el
malo; para prueba de lo cual quiero que sepa vuesa merced, mi señor don
Álvaro Tarfe, que en todos los días de mi vida no he estado en Zaragoza;
antes, por haberme dicho que ese don Quijote fantástico se había hallado en
las justas desa ciudad, no quise yo entrar en ella, por sacar a las barbas
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