Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.824
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huyendo.
Notó en las dos historias que Elena no iba de muy mala gana, porque se reía
a socapa y a lo socarrón; pero la hermosa Dido mostraba verter lágrimas del
tamaño de nueces por los ojos. Viendo lo cual don Quijote, dijo:
-Estas dos señoras fueron desdichadísimas, por no haber nacido en esta
edad, y yo sobre todos desdichado en no haber nacido en la suya: encontrara
a aquestos señores, ni fuera abrasada Troya, ni Cartago destruida, pues con
sólo que yo matara a Paris se escusaran tantas desgracias.
-Yo apostaré -dijo Sancho- que antes de mucho tiempo no ha de haber
bodegón, venta ni mesón, o tienda de barbero, donde no ande pintada la
historia de nuestras hazañas. Pero querría yo que la pintasen manos de otro
mejor pintor que el que ha pintado a éstas.
-Tienes razón, Sancho -dijo don Quijote-, porque este pintor es como
Orbaneja, un pintor que estaba en Úbeda; que, cuando le preguntaban qué
pintaba, respondía: ´´Lo que saliere´´; y si por ventura pintaba un gallo,
escribía debajo: "Éste es gallo", porque no pensasen que era zorra. Desta
manera me parece a mí, Sancho, que debe de ser el pintor o escritor, que
todo es uno, que sacó a luz la historia deste nuevo don Quijote que ha
salido: que pintó o escribió lo que saliere; o habrá sido como un poeta que
andaba los años pasados en la corte, llamado Mauleón, el cual respondía de
repente a cuanto le preguntaban; y, preguntándole uno que qué quería decir
Deum de Deo, respondió: ´´Dé donde diere´´. Pero, dejando esto aparte, dime
si piensas, Sancho, darte otra tanda esta noche, y si quieres que sea
debajo de techado, o al cielo abierto.
-Pardiez, señor -respondió Sancho-, que para lo que yo pienso darme, eso se
me da en casa que en el campo; pero, con todo eso, querría que fuese entre
árboles, que parece que me acompañan y me ayudan a llevar mi trabajo
maravillosamente.
-Pues no ha de ser así, Sancho amigo -respondió don Quijote-, sino que para
que tomes fuerzas, lo hemos de guardar para nuestra aldea, que, a lo más
tarde, llegaremos allá después de mañana.
Sancho respondió que hiciese su gusto, pero que él quisiera concluir con
brevedad aquel negocio a sangre caliente y cuando estaba picado el molino,
porque en la tardanza suele estar muchas veces el peligro; y a Dios rogando
y con el mazo dando, y que más valía un "toma" que dos "te daré", y el
pájaro en la mano que el buitre volando.
-No más refranes, Sancho, por un solo Dios -dijo don Quijote-, que parece
que te vuelves al sicut erat; habla a lo llano, a lo liso, a lo no
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