Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.818
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menudeaban libros nuevos y viejos, que era una maravilla. A uno dellos,
nuevo, flamante y bien encuadernado, le dieron un papirotazo que le sacaron
las tripas y le esparcieron las hojas. Dijo un diablo a otro: ´´Mirad qué
libro es ése´´. Y el diablo le respondió: ´´Ésta es la Segunda parte de la
historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su
primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de
Tordesillas´´. ´´Quitádmele de ahí -respondió el otro diablo-, y metedle en
los abismos del infierno: no le vean más mis ojos´´. ´´¿Tan malo es?´´,
respondió el otro. ´´Tan malo -replicó el primero-, que si de propósito yo
mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara´´. Prosiguieron su juego,
peloteando otros libros, y yo, por haber oído nombrar a don Quijote, a
quien tanto adamo y quiero, procuré que se me quedase en la memoria esta
visión.
-Visión debió de ser, sin duda -dijo don Quijote-, porque no hay otro yo en
el mundo, y ya esa historia anda por acá de mano en mano, pero no para en
ninguna, porque todos la dan del pie. Yo no me he alterado en oír que ando
como cuerpo fantástico por las tinieblas del abismo, ni por la claridad de
la tierra, porque no soy aquel de quien esa historia trata. Si ella fuere
buena, fiel y verdadera, tendrá siglos de vida; pero si fuere mala, de su
parto a la sepultura no será muy largo el camino.
Iba Altisidora a proseguir en quejarse de don Quijote, cuando le dijo don
Quijote:
-Muchas veces os he dicho, señora, que a mí me pesa de que hayáis colocado
en mí vuestros pensamientos, pues de los míos antes pueden ser agradecidos
que remediados; yo nací para ser de Dulcinea del Toboso, y los hados, si
los hubiera, me dedicaron para ella; y pensar que otra alguna hermosura ha
de ocupar el lugar que en mi alma tiene es pensar lo imposible. Suficiente
desengaño es éste para que os retiréis en los límites de vuestra
honestidad, pues nadie se puede obligar a lo imposible.
Oyendo lo cual Altisidora, mostrando enojarse y alterarse, le dijo:
-¡Vive el Señor, don bacallao, alma de almirez, cuesco de dátil, más terco
y duro que villano rogado cuando tiene la suya sobre el hito, que si
arremeto a vos, que os tengo de sacar los ojos! ¿Pensáis por ventura, don
vencido y don molido a palos, que yo me he muerto por vos? Todo lo que
habéis visto esta noche ha sido fingido; que no soy yo mujer que por
semejantes camellos había de dejar que me doliese un negro de la uña,
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