Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.805
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maravedí. Alhelí y alfaquí, tanto por el al primero como por el i en que
acaban, son conocidos por arábigos. Esto te he dicho, de paso, por
habérmelo reducido a la memoria la ocasión de haber nombrado albogues; y
hanos de ayudar mucho al parecer en perfeción este ejercicio el ser yo
algún tanto poeta, como tú sabes, y el serlo también en estremo el
bachiller Sansón Carrasco. Del cura no digo nada; pero yo apostaré que debe
de tener sus puntas y collares de poeta; y que las tenga también maese
Nicolás, no dudo en ello, porque todos, o los más, son guitarristas y
copleros. Yo me quejaré de ausencia; tú te alabarás de firme enamorado; el
pastor Carrascón, de desdeñado; y el cura Curiambro, de lo que él más puede
servirse, y así, andará la cosa que no haya más que desear.
A lo que respondió Sancho:
-Yo soy, señor, tan desgraciado que temo no ha de llegar el día en que en
tal ejercicio me vea. ¡Oh, qué polidas cuchares tengo de hacer cuando
pastor me vea! ¡Qué de migas, qué de natas, qué de guirnaldas y qué de
zarandajas pastoriles, que, puesto que no me granjeen fama de discreto, no
dejarán de granjearme la de ingenioso! Sanchica mi hija nos llevará la
comida al hato. Pero, ¡guarda!, que es de buen parecer, y hay pastores más
maliciosos que simples, y no querría que fuese por lana y volviese
trasquilada; y también suelen andar los amores y los no buenos deseos por
los campos como por las ciudades, y por las pastorales chozas como por los
reales palacios, y, quitada la causa se quita el pecado; y ojos que no
veen, corazón que no quiebra; y más vale salto de mata que ruego de hombres
buenos.
-No más refranes, Sancho -dijo don Quijote-, pues cualquiera de los que has
dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he
aconsejado que no seas tan pródigo en refranes y que te vayas a la mano en
decirlos; pero paréceme que es predicar en desierto, y "castígame mi madre,
y yo trómpogelas".
-Paréceme -respondió Sancho- que vuesa merced es como lo que dicen: "Dijo
la sartén a la caldera: Quítate allá ojinegra". Estáme reprehendiendo que
no diga yo refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos.
-Mira, Sancho -respondió don Quijote-: yo traigo los refranes a propósito,
y vienen cuando los digo como anillo en el dedo; pero tráeslos tan por los
cabellos, que los arrastras, y no los guías; y si no me acuerdo mal, otra
vez te he dicho que los refranes son sentencias breves, sacadas de la
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