Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.694
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-Ahora, yo podré poco, o quitaré estas casas de juego, que a mí se me
trasluce que son muy perjudiciales.
-Ésta, a lo menos -dijo un escribano-, no la podrá vuesa merced quitar,
porque la tiene un gran personaje, y más es sin comparación lo que él
pierde al año que lo que saca de los naipes. Contra otros garitos de menor
cantía podrá vuestra merced mostrar su poder, que son los que más daño
hacen y más insolencias encubren; que en las casas de los caballeros
principales y de los señores no se atreven los famosos fulleros a usar de
sus tretas; y, pues el vicio del juego se ha vuelto en ejercicio común,
mejor es que se juegue en casas principales que no en la de algún oficial,
donde cogen a un desdichado de media noche abajo y le desuellan vivo.
-Agora, escribano -dijo Sancho-, yo sé que hay mucho que decir en eso.
Y, en esto, llegó un corchete que traía asido a un mozo, y dijo:
-Señor gobernador, este mancebo venía hacia nosotros, y, así como columbró
la justicia, volvió las espaldas y comenzó a correr como un gamo, señal que
debe de ser algún delincuente. Yo partí tras él, y, si no fuera porque
tropezó y cayó, no le alcanzara jamás.
-¿Por qué huías, hombre? -preguntó Sancho.
A lo que el mozo respondió:
-Señor, por escusar de responder a las muchas preguntas que las justicias
hacen.
-¿Qué oficio tienes?
-Tejedor.
-¿Y qué tejes?
-Hierros de lanzas, con licencia buena de vuestra merced.
-¿Graciosico me sois? ¿De chocarrero os picáis? ¡Está bien! Y ¿adónde
íbades ahora?
-Señor, a tomar el aire.
-Y ¿adónde se toma el aire en esta ínsula?
-Adonde sopla.
-¡Bueno: respondéis muy a propósito! Discreto sois, mancebo; pero haced
cuenta que yo soy el aire, y que os soplo en popa, y os encamino a la
cárcel. ¡Asilde, hola, y llevadle, que yo haré que duerma allí sin aire
esta noche!
-¡Par Dios -dijo el mozo-, así me haga vuestra merced dormir en la cárcel
como hacerme rey!
-Pues, ¿por qué no te haré yo dormir en la cárcel? -respondió Sancho-. ¿No
tengo yo poder para prenderte y soltarte cada y cuando que quisiere?
-Por más poder que vuestra merced tenga -dijo el mozo-, no será bastante
para hacerme dormir en la cárcel.
-¿Cómo que no? -replicó Sancho-. Llevalde luego donde verá por sus ojos el
desengaño, aunque más el alcaide quiera usar con él de su interesal
liberalidad; que yo le pondré pena de dos mil ducados si te deja salir un
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