Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.677
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-No se ha de comer, señor gobernador, sino como es uso y costumbre en las
otras ínsulas donde hay gobernadores. Yo, señor, soy médico, y estoy
asalariado en esta ínsula para serlo de los gobernadores della, y miro por
su salud mucho más que por la mía, estudiando de noche y de día, y
tanteando la complexión del gobernador, para acertar a curarle cuando
cayere enfermo; y lo principal que hago es asistir a sus comidas y cenas, y
a dejarle comer de lo que me parece que le conviene, y a quitarle lo que
imagino que le ha de hacer daño y ser nocivo al estómago; y así, mandé
quitar el plato de la fruta, por ser demasiadamente húmeda, y el plato del
otro manjar también le mandé quitar, por ser demasiadamente caliente y
tener muchas especies, que acrecientan la sed; y el que mucho bebe mata y
consume el húmedo radical, donde consiste la vida.
-Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas, y, a mi
parecer, bien sazonadas, no me harán algún daño.
A lo que el médico respondió:
-Ésas no comerá el señor gobernador en tanto que yo tuviere vida.
-Pues, ¿por qué? -dijo Sancho.
Y el médico respondió:
-Porque nuestro maestro Hipócrates, norte y luz de la medicina, en un
aforismo suyo, dice: Omnis saturatio mala, perdices autem pessima. Quiere
decir: "Toda hartazga es mala; pero la de las perdices, malísima".
-Si eso es así -dijo Sancho-, vea el señor doctor de cuantos manjares hay
en esta mesa cuál me hará más provecho y cuál menos daño, y déjeme comer
dél sin que me le apalee; porque, por vida del gobernador, y así Dios me le
deje gozar, que me muero de hambre, y el negarme la comida, aunque le pese
al señor doctor y él más me diga, antes será quitarme la vida que
aumentármela.
-Vuestra merced tiene razón, señor gobernador -respondió el médico-; y así,
es mi parecer que vuestra merced no coma de aquellos conejos guisados que
allí están, porque es manjar peliagudo. De aquella ternera, si no fuera
asada y en adobo, aún se pudiera probar, pero no hay para qué.
Y Sancho dijo:
-Aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla
podrida, que por la diversidad de cosas que en las tales ollas podridas
hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto y de provecho.
-Absit! -dijo el médico-. Vaya lejos de nosotros tan mal pensamiento: no
hay cosa en el mundo de peor mantenimiento que una olla podrida. Allá las
ollas podridas para los canónigos, o para los retores de colegios, o para
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