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Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.666

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preciarse de que ha rendido

a una tigre y fiera brava.

Por esto será famosa

desde Henares a Jarama,

desde el Tajo a Manzanares,

desde Pisuerga hasta Arlanza.

Trocáreme yo por ella,

y diera encima una saya

de las más gayadas mías,

que de oro le adornan franjas.

¡Oh, quién se viera en tus brazos,

o si no, junto a tu cama,

rascándote la cabeza

y matándote la caspa!

Mucho pido, y no soy digna

de merced tan señalada:

los pies quisiera traerte,

que a una humilde esto le basta.

¡Oh, qué de cofias te diera,

qué de escarpines de plata,

qué de calzas de damasco,

qué de herreruelos de holanda!

¡Qué de finísimas perlas,

cada cual como una agalla,

que, a no tener compañeras,

Las solas fueran llamadas!

No mires de tu Tarpeya

este incendio que me abrasa,

Nerón manchego del mundo,

ni le avives con tu saña.

Niña soy, pulcela tierna,

mi edad de quince no pasa:

catorce tengo y tres meses,

te juro en Dios y en mi ánima.

No soy renca, ni soy coja,

ni tengo nada de manca;

los cabellos, como lirios,

que, en pie, por el suelo arrastran.

Y, aunque es mi boca aguileña

y la nariz algo chata,

ser mis dientes de topacios

mi belleza al cielo ensalza.

Mi voz, ya ves, si me escuchas,

que a la que es más dulce iguala,

y soy de disposición

algo menos que mediana.

Estas y otras gracias mías,

son despojos de tu aljaba;

desta casa soy doncella,

y Altisidora me llaman.

Aquí dio fin el canto de la malferida Altisidora, y comenzó el asombro del
requirido don Quijote, el cual, dando un gran suspiro, dijo entre sí:

-¡Que tengo de ser tan desdichado andante, que no ha de haber doncella que
me mire que de mí no se enamore...! ¡Que tenga de ser tan corta de ventura
la sin par Dulcinea del Toboso, que no la han de dejar a solas gozar de la
incomparable firmeza mía...! ¿Qué la queréis, reinas? ¿A qué la perseguís,
emperatrices? ¿Para qué la acosáis, doncellas de a catorce a quince años?
Dejad, dejad a la miserable que triunfe, se goce y ufane con la suerte que
Amor quiso darle en rendirle mi corazón y entregarle mi alma. Mirad,
caterva enamorada, que para sola Dulcinea soy de masa y de alfenique, y
para todas las demás soy de pedernal; para ella soy miel, y para vosotras


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