Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.662
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con risa.
Cuéntase, pues, que, apenas se hubo partido Sancho, cuando don Quijote
sintió su soledad; y si le fuera posible revocarle la comisión y quitarle
el gobierno, lo hiciera. Conoció la duquesa su melancolía, y preguntóle que
de qué estaba triste; que si era por la ausencia de Sancho, que escuderos,
dueñas y doncellas había en su casa que le servirían muy a satisfación de
su deseo.
-Verdad es, señora mía -respondió don Quijote-, que siento la ausencia de
Sancho, pero no es ésa la causa principal que me hace parecer que estoy
triste, y, de los muchos ofrecimientos que vuestra excelencia me hace,
solamente acepto y escojo el de la voluntad con que se me hacen, y, en lo
demás, suplico a Vuestra Excelencia que dentro de mi aposento consienta y
permita que yo solo sea el que me sirva.
-En verdad -dijo la duquesa-, señor don Quijote, que no ha de ser así: que
le han de servir cuatro doncellas de las mías, hermosas como unas flores.
-Para mí -respondió don Quijote- no serán ellas como flores, sino como
espinas que me puncen el alma. Así entrarán ellas en mi aposento, ni cosa
que lo parezca, como volar. Si es que vuestra grandeza quiere llevar
adelante el hacerme merced sin yo merecerla, déjeme que yo me las haya
conmigo, y que yo me sirva de mis puertas adentro, que yo ponga una muralla
en medio de mis deseos y de mi honestidad; y no quiero perder esta
costumbre por la liberalidad que vuestra alteza quiere mostrar conmigo. Y,
en resolución, antes dormiré vestido que consentir que nadie me desnude.
-No más, no más, señor don Quijote -replicó la duquesa-. Por mí digo que
daré orden que ni aun una mosca entre en su estancia, no que una doncella;
no soy yo persona, que por mí se ha de descabalar la decencia del señor don
Quijote; que, según se me ha traslucido, la que más campea entre sus muchas
virtudes es la de la honestidad. Desnúdese vuesa merced y vístase a sus
solas y a su modo, como y cuando quisiere, que no habrá quien lo impida,
pues dentro de su aposento hallará los vasos necesarios al menester del que
duerme a puerta cerrada, porque ninguna natural necesidad le obligue a que
la abra. Viva mil siglos la gran Dulcinea del Toboso, y sea su nombre
estendido por toda la redondez de la tierra, pues mereció ser amada de tan
valiente y tan honesto caballero, y los benignos cielos infundan en el
corazón de Sancho Panza, nuestro gobernador, un deseo de acabar presto sus
diciplinas, para que vuelva a gozar el mundo de la belleza de tan gran
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