Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.659
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por él: "espantóse la muerta de la degollada", y vuestra merced sabe bien
que más sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena.
-Eso no, Sancho -respondió don Quijote-, que el necio en su casa ni en la
ajena sabe nada, a causa que sobre el aumento de la necedad no asienta
ningún discreto edificio. Y dejemos esto aquí, Sancho, que si mal
gobernares, tuya será la culpa, y mía la vergüenza; mas consuélome que he
hecho lo que debía en aconsejarte con las veras y con la discreción a mí
posible: con esto salgo de mi obligación y de mi promesa. Dios te guíe,
Sancho, y te gobierne en tu gobierno, y a mí me saque del escrúpulo que me
queda que has de dar con toda la ínsula patas arriba, cosa que pudiera yo
escusar con descubrir al duque quién eres, diciéndole que toda esa gordura
y esa personilla que tienes no es otra cosa que un costal lleno de refranes
y de malicias.
-Señor -replicó Sancho-, si a vuestra merced le parece que no soy de pro
para este gobierno, desde aquí le suelto, que más quiero un solo negro de
la uña de mi alma que a todo mi cuerpo; y así me sustentaré Sancho a secas
con pan y cebolla, como gobernador con perdices y capones; y más que,
mientras se duerme, todos son iguales, los grandes y los menores, los
pobres y los ricos; y si vuestra merced mira en ello, verá que sólo vuestra
merced me ha puesto en esto de gobernar: que yo no sé más de gobiernos de
ínsulas que un buitre; y si se imagina que por ser gobernador me ha de
llevar el diablo, más me quiero ir Sancho al cielo que gobernador al
infierno.
-Por Dios, Sancho -dijo don Quijote-, que, por solas estas últimas razones
que has dicho, juzgo que mereces ser gobernador de mil ínsulas: buen
natural tienes, sin el cual no hay ciencia que valga; encomiéndate a Dios,
y procura no errar en la primera intención; quiero decir que siempre tengas
intento y firme propósito de acertar en cuantos negocios te ocurrieren,
porque siempre favorece el cielo los buenos deseos. Y vámonos a comer, que
creo que ya estos señores nos aguardan.
Capítulo XLIV. Cómo Sancho Panza fue llevado al gobierno, y de la estraña
aventura que en el castillo sucedió a don Quijote
Dicen que en el propio original desta historia se lee que, llegando Cide
Hamete a escribir este capítulo, no le tradujo su intérprete como él le
había escrito, que fue un modo de queja que tuvo el moro de sí mismo, por
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