Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.655
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indecible, casarás tus hijos como quisieres, títulos tendrán ellos y tus
nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y en los últimos pasos
de la vida te alcanzará el de la muerte, en vejez suave y madura, y
cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos.
Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma;
escucha ahora los que han de servir para adorno del cuerpo.
Capítulo XLIII. De los consejos segundos que dio don Quijote a Sancho Panza
¿Quién oyera el pasado razonamiento de don Quijote que no le tuviera por
persona muy cuerda y mejor intencionada? Pero, como muchas veces en el
progreso desta grande historia queda dicho, solamente disparaba en
tocándole en la caballería, y en los demás discursos mostraba tener claro y
desenfadado entendimiento, de manera que a cada paso desacreditaban sus
obras su juicio, y su juicio sus obras; pero en ésta destos segundos
documentos que dio a Sancho, mostró tener gran donaire, y puso su
discreción y su locura en un levantado punto.
Atentísimamente le escuchaba Sancho, y procuraba conservar en la memoria
sus consejos, como quien pensaba guardarlos y salir por ellos a buen parto
de la preñez de su gobierno. Prosiguió, pues, don Quijote, y dijo:
-En lo que toca a cómo has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo
primero que te encargo es que seas limpio, y que te cortes las uñas, sin
dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a
entender que las uñas largas les hermosean las manos, como si aquel
escremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes
garras de cernícalo lagartijero: puerco y extraordinario abuso. No andes,
Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo
desmazalado, si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de
socarronería, como se juzgó en la de Julio César. Toma con discreción el
pulso a lo que pudiere valer tu oficio, y si sufriere que des librea a tus
criados, dásela honesta y provechosa más que vistosa y bizarra, y repártela
entre tus criados y los pobres: quiero decir que si has de vestir seis
pajes, viste tres y otros tres pobres, y así tendrás pajes para el cielo y
para el suelo; y este nuevo modo de dar librea no la alcanzan los
vanagloriosos. No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu
villanería. Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca
que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala. Come poco y cena
más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del
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