Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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a vuestros insulanos con el mesmo deseo de recebiros por su gobernador que
siempre han tenido, y mi voluntad será la mesma; y no pongáis duda en esta
verdad, señor Sancho, que sería hacer notorio agravio al deseo que de
serviros tengo.

-No más, señor -dijo Sancho-: yo soy un pobre escudero y no puedo llevar a
cuestas tantas cortesías; suba mi amo, tápenme estos ojos y encomiéndenme a
Dios, y avísenme si cuando vamos por esas altanerías podré encomendarme a
Nuestro Señor o invocar los ángeles que me favorezcan.

A lo que respondió Trifaldi:

-Sancho, bien podéis encomendaros a Dios o a quien quisiéredes, que
Malambruno, aunque es encantador, es cristiano, y hace sus encantamentos
con mucha sagacidad y con mucho tiento, sin meterse con nadie.

-¡Ea, pues -dijo Sancho-, Dios me ayude y la Santísima Trinidad de Gaeta!

-Desde la memorable aventura de los batanes -dijo don Quijote-, nunca he
visto a Sancho con tanto temor como ahora, y si yo fuera tan agorero como
otros, su pusilanimidad me hiciera algunas cosquillas en el ánimo. Pero
llegaos aquí, Sancho, que con licencia destos señores os quiero hablar
aparte dos palabras.

Y, apartando a Sancho entre unos árboles del jardín y asiéndole ambas las
manos, le dijo:

-Ya vees, Sancho hermano, el largo viaje que nos espera, y que sabe Dios
cuándo volveremos dél, ni la comodidad y espacio que nos darán los
negocios; así, querría que ahora te retirases en tu aposento, como que vas
a buscar alguna cosa necesaria para el camino, y, en un daca las pajas,
te dieses, a buena cuenta de los tres mil y trecientos azotes a que estás
obligado, siquiera quinientos, que dados te los tendrás, que el comenzar
las cosas es tenerlas medio acabadas.

-¡Par Dios -dijo Sancho-, que vuestra merced debe de ser menguado! Esto es
como aquello que dicen: "¡en priesa me vees y doncellez me demandas!"
¿Ahora que tengo de ir sentado en una tabla rasa, quiere vuestra merced que
me lastime las posas? En verdad en verdad que no tiene vuestra merced
razón. Vamos ahora a rapar estas dueñas, que a la vuelta yo le prometo a
vuestra merced, como quien soy, de darme tanta priesa a salir de mi
obligación, que vuestra merced se contente, y no le digo más.

Y don Quijote respondió:

-Pues con esa promesa, buen Sancho, voy consolado, y creo que la cumplirás,
porque, en efecto, aunque tonto, eres hombre verídico.

-No soy verde, sino moreno -dijo Sancho-, pero aunque fuera de mezcla,
cumpliera mi palabra.

Y con esto se volvieron a subir en Clavileño, y al subir dijo don Quijote:

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