Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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donde habían venido. La Dolorida, así como vio al caballo, casi con
lágrimas dijo a don Quijote:

-Valeroso caballero, las promesas de Malambruno han sido ciertas: el
caballo está en casa, nuestras barbas crecen, y cada una de nosotras y con
cada pelo dellas te suplicamos nos rapes y tundas, pues no está en más sino
en que subas en él con tu escudero y des felice principio a vuestro nuevo
viaje.

-Eso haré yo, señora condesa Trifaldi, de muy buen grado y de mejor
talante, sin ponerme a tomar cojín, ni calzarme espuelas, por no detenerme:
tanta es la gana que tengo de veros a vos, señora, y a todas estas dueñas
rasas y mondas.

-Eso no haré yo -dijo Sancho-, ni de malo ni de buen talante, en ninguna
manera; y si es que este rapamiento no se puede hacer sin que yo suba a las
ancas, bien puede buscar mi señor otro escudero que le acompañe, y estas
señoras otro modo de alisarse los rostros; que yo no soy brujo, para gustar
de andar por los aires. Y ¿qué dirán mis insulanos cuando sepan que su
gobernador se anda paseando por los vientos? Y otra cosa más: que habiendo
tres mil y tantas leguas de aquí a Candaya, si el caballo se cansa o el
gigante se enoja, tardaremos en dar la vuelta media docena de años, y ya ni
habrá ínsula ni ínsulos en el mundo que me conozan; y, pues se dice
comúnmente que en la tardanza va el peligro, y que cuando te dieren la
vaquilla acudas con la soguilla, perdónenme las barbas destas señoras, que
bien se está San Pedro en Roma; quiero decir que bien me estoy en esta
casa, donde tanta merced se me hace y de cuyo dueño tan gran bien espero
como es verme gobernador.

A lo que el duque dijo:

-Sancho amigo, la ínsula que yo os he prometido no es movible ni fugitiva:
raíces tiene tan hondas, echadas en los abismos de la tierra, que no la
arrancarán ni mudarán de donde está a tres tirones; y, pues vos sabéis que
sé yo que no hay ninguno género de oficio destos de mayor cantía que no se
granjee con alguna suerte de cohecho, cuál más, cuál menos, el que yo
quiero llevar por este gobierno es que vais con vuestro señor don Quijote a
dar cima y cabo a esta memorable aventura; que ahora volváis sobre
Clavileño con la brevedad que su ligereza promete, ora la contraria fortuna
os traiga y vuelva a pie, hecho romero, de mesón en mesón y de venta en
venta, siempre que volviéredes hallaréis vuestra ínsula donde la dejáis, y

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