Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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-Yo soy Merlín, aquel que las historias

dicen que tuve por mi padre al diablo

(mentira autorizada de los tiempos),

príncipe de la Mágica y monarca

y archivo de la ciencia zoroástrica,

émulo a las edades y a los siglos

que solapar pretenden las hazañas

de los andantes bravos caballeros

a quien yo tuve y tengo gran cariño.

Y, puesto que es de los encantadores,

de los magos o mágicos contino

dura la condición, áspera y fuerte,

la mía es tierna, blanda y amorosa,

y amiga de hacer bien a todas gentes.

En las cavernas lóbregas de Dite,

donde estaba mi alma entretenida

en formar ciertos rombos y caráteres,

llegó la voz doliente de la bella

y sin par Dulcinea del Toboso.

Supe su encantamento y su desgracia,

y su trasformación de gentil dama

en rústica aldeana; condolíme,

y, encerrando mi espíritu en el hueco

desta espantosa y fiera notomía,

después de haber revuelto cien mil libros

desta mi ciencia endemoniada y torpe,

vengo a dar el remedio que conviene

a tamaño dolor, a mal tamaño.

¡Oh tú, gloria y honor de cuantos visten

las túnicas de acero y de diamante,

luz y farol, sendero, norte y guía

de aquellos que, dejando el torpe sueño

y las ociosas plumas, se acomodan

a usar el ejercicio intolerable

de las sangrientas y pesadas armas!

A ti digo ¡oh varón, como se debe

por jamás alabado!, a ti, valiente

juntamente y discreto don Quijote,

de la Mancha esplendor, de España estrella,

que para recobrar su estado primo

la sin par Dulcinea del Toboso,

es menester que Sancho, tu escudero,

se dé tres mil azotes y trecientos

en ambas sus valientes posaderas,

al aire descubiertas, y de modo

que le escuezan, le amarguen y le enfaden.

Y en esto se resuelven todos cuantos

de su desgracia han sido los autores,

y a esto es mi venida, mis señores.

-¡Voto a tal! -dijo a esta sazón Sancho-. No digo yo tres mil azotes, pero
así me daré yo tres como tres puñaladas. ¡Válate el diablo por modo de
desencantar! ¡Yo no sé qué tienen que ver mis posas con los encantos! ¡Par
Dios que si el señor Merlín no ha hallado otra manera como desencantar a la
señora Dulcinea del Toboso, encantada se podrá ir a la sepultura!

-Tomaros he yo -dijo don Quijote-, don villano, harto de ajos, y amarraros
he a un árbol, desnudo como vuestra madre os parió; y no digo yo tres mil y

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