Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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haber oído cantar un romance antiguo que dice:

De los osos seas comido,

como Favila el nombrado.

-Ése fue un rey godo -dijo don Quijote-, que, yendo a caza de montería, le
comió un oso.

-Eso es lo que yo digo -respondió Sancho-: que no querría yo que los
príncipes y los reyes se pusiesen en semejantes peligros, a trueco de un
gusto que parece que no le había de ser, pues consiste en matar a un animal
que no ha cometido delito alguno.

-Antes os engañáis, Sancho -respondió el duque-, porque el ejercicio de la
caza de monte es el más conveniente y necesario para los reyes y príncipes
que otro alguno. La caza es una imagen de la guerra: hay en ella
estratagemas, astucias, insidias para vencer a su salvo al enemigo;
padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el
ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que
la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de
nadie y con gusto de muchos; y lo mejor que él tiene es que no es para
todos, como lo es el de los otros géneros de caza, excepto el de la
volatería, que también es sólo para reyes y grandes señores. Así que, ¡oh
Sancho!, mudad de opinión, y, cuando seáis gobernador, ocupaos en la caza y
veréis como os vale un pan por ciento.

-Eso no -respondió Sancho-: el buen gobernador, la pierna quebrada y en
casa. ¡Bueno sería que viniesen los negociantes a buscarle fatigados y él
estuviese en el monte holgándose! ¡Así enhoramala andaría el gobierno! Mía
fe, señor, la caza y los pasatiempos más han de ser para los holgazanes que
para los gobernadores. En lo que yo pienso entretenerme es en jugar al
triunfo envidado las pascuas, y a los bolos los domingos y fiestas; que
esas cazas ni cazos no dicen con mi condición ni hacen con mi conciencia.

-Plega a Dios, Sancho, que así sea, porque del dicho al hecho hay gran
trecho.

-Haya lo que hubiere -replicó Sancho-, que al buen pagador no le duelen
prendas, y más vale al que Dios ayuda que al que mucho madruga, y tripas
llevan pies, que no pies a tripas; quiero decir que si Dios me ayuda, y yo
hago lo que debo con buena intención, sin duda que gobernaré mejor que un
gerifalte. ¡No, sino pónganme el dedo en la boca y verán si aprieto o no!

-¡Maldito seas de Dios y de todos sus santos, Sancho maldito -dijo don
Quijote-, y cuándo será el día, como otras muchas veces he dicho, donde yo

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