Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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ocho días, que aún no está en historia; conviene a saber: lo del encanto de
mi señora doña Dulcinea, que le he dado a entender que está encantada, no
siendo más verdad que por los cerros de Úbeda.

Rogóle la duquesa que le contase aquel encantamento o burla, y Sancho se lo
contó todo del mesmo modo que había pasado, de que no poco gusto recibieron
los oyentes; y, prosiguiendo en su plática, dijo la duquesa:

-De lo que el buen Sancho me ha contado me anda brincando un escrúpulo en
el alma y un cierto susurro llega a mis oídos, que me dice: ´´Pues don
Quijote de la Mancha es loco, menguado y mentecato, y Sancho Panza su
escudero lo conoce, y, con todo eso, le sirve y le sigue y va atenido a las
vanas promesas suyas, sin duda alguna debe de ser él más loco y tonto que
su amo; y, siendo esto así, como lo es, mal contado te será, señora
duquesa, si al tal Sancho Panza le das ínsula que gobierne, porque el que
no sabe gobernarse a sí, ¿cómo sabrá gobernar a otros?´´

-Par Dios, señora -dijo Sancho-, que ese escrúpulo viene con parto derecho;
pero dígale vuesa merced que hable claro, o como quisiere, que yo conozco
que dice verdad: que si yo fuera discreto, días ha que había de haber
dejado a mi amo. Pero ésta fue mi suerte, y ésta mi malandanza; no puedo
más, seguirle tengo: somos de un mismo lugar, he comido su pan, quiérole
bien, es agradecido, diome sus pollinos, y, sobre todo, yo soy fiel; y así,
es imposible que nos pueda apartar otro suceso que el de la pala y azadón.
Y si vuestra altanería no quisiere que se me dé el prometido gobierno, de
menos me hizo Dios, y podría ser que el no dármele redundase en pro de mi
conciencia; que, maguera tonto, se me entiende aquel refrán de ´´por su mal
le nacieron alas a la hormiga´´; y aun podría ser que se fuese más aína
Sancho escudero al cielo, que no Sancho gobernador. Tan buen pan hacen aquí
como en Francia; y de noche todos los gatos son pardos, y asaz de
desdichada es la persona que a las dos de la tarde no se ha desayunado; y
no hay estómago que sea un palmo mayor que otro, el cual se puede llenar,
como suele decirse, de paja y de heno; y las avecitas del campo tienen a
Dios por su proveedor y despensero; y más calientan cuatro varas de paño de
Cuenca que otras cuatro de límiste de Segovia; y al dejar este mundo y
meternos la tierra adentro, por tan estrecha senda va el príncipe como el

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